ABC
Como el más imponente de los reyes, Tadej Pogacar pasó por la guillotina al revolucionario Paul Seixas y se coronó vencedor por tercer año consecutivo de la Lieja-Bastoña-Lieja , el monumento más antiguo del planeta, recorrido desde el siglo XIX. El príncipe francés con sangre galaica había marcado en rojo los desniveles belgas para desafiar al todopoderoso balcánico, y no eran pocos los seguidores que soñaban con una victoria del ciclista del Decathlon, un pequeño rayo de sol en un borrascoso horizonte dominado con puño de hierro por el esloveno. Sin embargo, la tarde acabó como casi siempre, con todos los presente rendidos al genio, al campeón de campeones. «Estoy contento con este éxito. Significa mucho para mí ganar una de las grandes carreras del ciclismo una vez más. No hago muchas, no tengo muchas oportunidades de ganar, así que tengo mucha presión para rendir en días como hoy. No puedo estar más orgulloso del equipo. En La Redoute fui a tope, pero pude ver que (Seixas) estaba cerca de mí en la cima. Estoy realmente impresionado. Abrimos un gran hueco e intenté poner mi ritmo en la Roca de los Halcones, conozco la subida superbién y por suerte él cedió», aseguró Pogacar . Aunque la gloria fue de Pogacar , Evenepoel fue el primer agitador de la tarde, salvaje su ataque a 35 kilómetros de meta y en pleno ascenso a La Redoute. Una dentellada que casi ni inmutó a Seixas , frescos sus pulmones con tan solo 19 años, y que no trastocó los planes del UAE, siempre taimado en las sombras. La valentía del belga no tuvo la recompensa esperada, y en ese momento comenzó un duelo sin parangón entre esloveno y francés, presente y futuro del ciclismo codo a codo por los desfiladeros de las Ardenas. Provocó movimientos sísmicos en los sofás de media Europa ver cómo un crío mantenía el tipo ante uno de los ataques más mortíferos de la historia, repleta de cadáveres la estela de Pogacar desde hace años, alegre el astro al ver que aún le quedan competidores de categoría en el circuito. Una fricción digna de los dioses que, por desgracia, fue solapada por la abrumadora realidad en la Roca de los Halcones , punto elegido por Pogacar para soltar toda su artillería y dejar fundido al valeroso Seixas, que fue desapareciendo con el paso de las curvas, a 20 segundos de su competidor cuando éste coronó la mítica cumbre. En ese momento, aparecieron los títulos de crédito, acabada la Lieja-Bastoña-Lieja de 2026, arremolinados los aficionados en la entrada de la ciudad belga para ver cómo una estrella avanzaba ante ellos con los brazos estirados y con una amplia sonrisa en su rostro. Seixas acabó segundo, toda una proeza para ser su primer participación en una de las prueba más exigentes de la temporada, y Evenepoel , rey de los humanos, completó el podio. Quizás, en unos años, se hablará de esta carrera como el momento en el que se inició una rivalidad para la historia, pues Seixas no va de farol y Pogacar, pese a todo, sigue pareciendo invencible.
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