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Greenpeace advierte que la guerra intensifica la amenaza nuclear
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Greenpeace advierte que la guerra intensifica la amenaza nuclear

En el silencio denso de la zona de exclusión, donde los árboles crecen torcidos y el tiempo parece suspendido, aún late una historia que el mundo no ha terminado de comprender. Han pasado cuatro décadas desde que el reactor 4 de Chernóbil explotó en la madrugada del 26 de abril de 1986, liberando una nube invisible que cruzó fronteras y lejos de convertirse en un capítulo cerrado, Chernóbil vuelve hoy a ocupar titulares… y preocupaciones. La diferencia es que ahora el enemigo no es solo la radiación, sino la guerra. El informe más reciente de Greenpeace Ucrania advierte de que los riesgos nucleares han entrado en una nueva fase: la de la vulnerabilidad bélica. La invasión rusa ha transformado centrales nucleares en objetivos estratégicos, algo inédito en la historia contemporánea. «Las centrales nucleares conllevan riesgos inherentes, y esos riesgos se están agravando. Rusia, por primera vez en la historia de la guerra, las ha atacado y ocupado sistemáticamente , demostrando cómo pueden utilizarse como herramientas militares y políticas. En un mundo en guerra, con tensiones geopolíticas masivas y fenómenos climáticos extremos, esos riesgos van en aumento», señala Polina Kolodiazhna, responsable de campañas de la organización. Lo que antes era un riesgo técnico hoy es también militar. En febrero de 2025, un dron impactó contra el Nuevo Confinamiento Seguro (NSC), la gigantesca estructura de acero diseñada para sellar el reactor dañado. Según el estudio de Greenpeace Ucrania, el ataque abrió una brecha en el sarcófago moderno, permitiendo la fuga de aire radiactivo sin filtrar. El incendio posterior dañó sistemas clave como la membrana aislante, las grúas de mantenimiento y el control de humedad. Reparar estos daños costaría más de 400 millones de euros y la guerra activa hace que intervenir sea prácticamente imposible. El riesgo más alarmante no es inmediato, sino estructural. Si el NSC colapsa sobre el antiguo sarcófago —ya debilitado por el paso del tiempo— podría producirse una nueva dispersión masiva de material radiactivo. «El ataque con drones contra el NSC fue un crimen de guerra perpetrado por Rusia. Tras 40 años, el sarcófago interior de Chernóbil es vulnerable y ha superado en décadas su vida útil prevista. Los daños sufridos por el NSC supondrán años de reparaciones y más retrasos antes de que el sarcófago pueda desmantelar de forma segura», ha afirmado Shaun Burnie, experto nuclear de Greenpeace Ucrania. España vive hoy un momento clave para dejar atrás los riesgos de la energía nuclear. En 2027, comienza en Almaraz, Cáceres, el primero de los siete cierres programados de estas centrales. Si se cumple el calendario de cierre pactado entre el Gobierno y las compañías eléctricas, el país podría contar en 2035 con un sistema eléctrico libre de generación nuclear. «Hoy existen alternativas renovables más seguras y resilientes, y los gobiernos, incluido el español, no deberían ceder ante las presiones de una industria que intenta prolongar su vida útil mediante prórrogas trampa. Priorizar un modelo energético renovable y descentralizado es clave para reforzar la seguridad, reducir la vulnerabilidad y avanzar hacia un futuro energético más estable. El aniversario de Chernóbil nos recuerda que alargar la vida de los viejos reactores es una distracción cara, peligrosa y lenta que nos resta tiempo y recursos esenciales», sentencia Francisco del Pozo, responsable de la campaña de energía nuclear de Greenpeace.

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