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Rubén Ariza, fontanero: “Empecé cobrando 20 euros a la semana con mi tío durante un año hasta que pasé a cobrar 1.200 euros al mes. No era mucho, pero no conocía otra cosa” | Collector
Rubén Ariza, fontanero: “Empecé cobrando 20 euros a la semana con mi tío durante un año hasta que pasé a cobrar 1.200 euros al mes. No era mucho, pero no conocía otra cosa”
Cope Zaragoza

Rubén Ariza, fontanero: “Empecé cobrando 20 euros a la semana con mi tío durante un año hasta que pasé a cobrar 1.200 euros al mes. No era mucho, pero no conocía otra cosa”

Rubén Ariza comenzó su andadura en el mundo de la fontanería con tan solo 16 años. Lo que empezó como un aprendizaje junto a su tío, trabajando para seguros, se convirtió rápidamente en una formación autodidacta llena de desafíos. Ariza narra una carrera de superación y sacrificio, marcada por sueldos irrisorios, clientes complicados y la constante incertidumbre de ser autónomo en España. Sus primeros ingresos eran de 20 euros a la semana, una cifra que aceptaba mientras aprendía el oficio. "Era lo típico, estaba aprendiendo", recuerda. El verdadero reto surgió al tratar directamente con los clientes siendo apenas un adolescente. "Me veían a un chaval con 17 años y esperaban al oficial, pero el oficial era yo", explica. Esta exposición temprana forjó su carácter, pero también lo llevó a vivir situaciones límite. Ariza rememora una de las anécdotas más tensas de su carrera: "Hubo una clienta que, de hecho, me encerró en su casa". El motivo fue una avería que el seguro no cubría, y la propietaria se negó a dejarlo marchar hasta que el problema estuviera resuelto. "Me ha pasado dos veces, una de ellas hasta me quitaron el teléfono", confiesa sobre los abusos que ha llegado a sufrir. Tras años como asalariado y sentir que su recorrido estaba estancado, decidió emprender por su cuenta. Sin embargo, el camino del autónomo está sembrado de obstáculos, siendo los impagos uno de los más peligrosos. Ariza ha enfrentado retrasos en los cobros que casi lo llevan a la quiebra. "Se tiró tres meses para pagarme, se fueron acumulando y eran ya 15.000 euros", detalla sobre uno de sus peores momentos financieros. La gestión del flujo de caja se convierte en una batalla diaria. En otra ocasión, le retuvieron una factura de 10.000 euros sin dar explicaciones, lo que le obligó a tomar una medida drástica: parar todas las obras con esa empresa. "Es una forma de hacer presión a que me paguéis", afirma. La estrategia funcionó y cobró al día siguiente, pero demuestra la extrema vulnerabilidad de los pequeños empresarios ante las grandes compañías. Crecer y contratar personal supone otro gran desafío. Ariza critica los elevados costes de la Seguridad Social, que, en su opinión, dificultan ofrecer sueldos más competitivos. "Se paga demasiado, hay poca ayuda al empresario", lamenta. Esta carga fiscal, explica, repercute directamente en el salario neto del trabajador, una realidad que a menudo se desconoce. Esta presión económica y de gestión se traduce en jornadas laborales interminables. "Mínimo, he hecho 10 horas todos los días", admite. A pesar de haber construido una empresa con varios empleados, el sacrificio personal es inmenso. Por ello, su principal objetivo ahora es bajar el ritmo para poder disfrutar más de su familia. "La vida pasa muy rápido y, aunque no quieras, te pierdes muchas cosas", reflexiona. Pese a las dificultades, Rubén Ariza no se arrepiente del camino escogido. "Seguiría el mismo camino, pero bajaría un poco el ritmo", concluye. Su historia es un fiel reflejo de la realidad de miles de autónomos en nuestro país: una lucha constante por la supervivencia económica, la dignidad del oficio y la difícil búsqueda de un equilibrio entre el trabajo y la vida personal.

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