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La sangre de Gerpe rompe el gris de una tarde sin alma en Las Ventas | Collector
La sangre de Gerpe rompe el gris de una tarde sin alma en Las Ventas
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La sangre de Gerpe rompe el gris de una tarde sin alma en Las Ventas

Madrid asistió a una de esas tardes que se deshacen entre los dedos sin dejar poso. Un encierro deslucido del hierro portugués de Palha, de escasa presencia en varios turnos, sin apenas fondo y alejado del comportamiento que ofreció el año pasado, diluyó cualquier intento de emoción. Ni la nobleza sin entrega, ni la mansedumbre sin clase, ni el oficio de los toreros lograron levantar el vuelo de un festejo condenado desde el origen. Solo la violencia inesperada del sexto, que prendió a Luis Gerpe, sacudió el sopor de una tarde que caminaba irremediablemente hacia el olvido. Sánchez Vara dejó una actuación marcada más por los gestos que por el contenido. En su primero, un toro manejable pero sin transmisión, todo discurrió en una superficie irregular, con un trasteo demasiado movido, sin poso ni estructura. Hubo voluntad, pero no pulso. En el cuarto, volvió a aparecer esa mezcla de oficio y recursos ya conocidos, incluido el intento de protagonismo en banderillas que apenas encontró eco en el tendido. Lo mejor llegó en un inicio con cierta gracia, llevándose al toro hacia los medios, pero pronto la faena volvió a diluirse en una labor plana, sin emoción ni eco. Francisco José Espada se topó primero con un animal noble pero sin entrega, al que entendió desde la media altura, dibujando una faena templada pero carente de alma. Todo resultó correcto, incluso fácil por momentos, pero sin ese punto de verdad que prende en Madrid. Con el quinto, un serio y cuajado remiendo de Couto de Fornilhos, encontró algo más de materia prima. Toro mansito pero repetidor, que permitió a Espada asentarse, especialmente por el pitón derecho. Hubo muletazos de buen trazo también al natural, aunque el animal se fue apagando. El cierre en cercanías mostró firmeza, pero la espada volvió a restar un posible mayor premio. Luis Gerpe firmó la actuación más sincera de la tarde. Ante el tercero, un toro deslucido, sin presencia ni entrega, tiró de paciencia y oficio, tratando de construir desde la nada. Hubo un breve destello al natural, pero el toro echó pronto el cerrojo. Ya en el sexto, sin opciones ante un animal descoordinado y sin recorrido, decidió quedarse, insistir, buscar lo imposible. Y fue entonces cuando el toro, sin previo aviso, le prendió con violencia por el muslo. La imagen del torero camino de la enfermería, herido pero consciente, fue el único instante de verdad en una tarde sin latido.

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