Ultima Hora Mallorca
A las puertas de la obra de rehabilitación de un conocido edificio público del centro de Palma hay un cartel que avisa a sus trabajadores de la necesidad de ponerse casco al entrar. El cartel está escrito en castellano, catalán, árabe y chino. En todas las calles comerciales de Palma hay tiendas con el siguiente mensaje: «Se busca personal». Estos carteles se vieron el año pasado incluso en el mes de julio, lo que confirma que no hay suficientes trabajadores para la altísima demanda turística que no solo se va a repetir este verano: es que iremos a más, dado el conflicto de Oriente Medio. Mientras algunos ponen el grito en el cielo por el proceso de regularización de inmigrantes, en las colas de personas que esperan para arreglar sus papeles se encuentran historias como las de hombres que trabajan en negro en la construcción por un salario irrisorio. O mujeres que cuidan de nuestros mayores, camareras y cocineros que están sin papeles a merced del capricho de algún desaprensivo que hace negocio con la vulnerabilidad de los que acaban de llegar. Hay una falacia que se está repitiendo estos días para justificar las críticas a la regularización. Se dice que en los 60, los españoles emigraron a Europa para trabajar, pero ‘emigraron bien’. No es cierto, eso lo sabemos los hijos de aquel éxodo. Según el estudio La Patria en la maleta, de José Babiano y Ana Fernández, más de dos millones de españoles emigraron entre 1960 y 1973. La mitad eran irregulares. Luego allí en su destino, Alemania, Suiza, Francia, intentaban arreglar los papeles pero para muchos fue imposible. Trabajaban en el servicio doméstico, agricultura, servicios o construcción. ¿Les resulta familiar?
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