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Hace unos días, de regreso a casa por la pista de Silla, casi provoco un accidente. Acababa de darle al botón de la radio, cuando escuché a Isabel Natividad Díaz Ayuso, con la chulería castiza que le caracteriza, soltar que en España cada vez menos gente quiere tener propiedades. Confieso que esta no me la vi venir, porque no conozco a nadie de mi entorno que no ande desesperado por disfrutar de un pisito propio. La lideresa madrileña culpaba de todos los males a las políticas chavistas del Gobierno de Pedro Sánchez, al tiempo que se mofaba de la lucha de clases y cantaba las virtudes del neoliberalismo más descarnado. Al momento, pensé que esa renuncia voluntaria a la propiedad nunca debió pasarle por la cabeza a su pareja, Alberto González Amador, que optó por comprar el ático que, hasta ese momento, ambos disfrutaban en una zona chic de Madrid. En este caso, sí que era preferible adquirir un inmueble y no hacer frente a un alquiler de 5.000 euros mensuales. Siempre hay excepciones…
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