Faro de Vigo
Recibir un diagnóstico de cáncer, las consultas, las esperas, tener que someterte a técnicas invasivas y a tratamientos agresivos como la quimioterapia es una situación que abruma a cualquiera, pero «es especialmente hostil y desafiante» para un paciente con Trastorno del Espectro Autista (TEA) y su familia, tal y como destacan desde el equipo de enfermería del hospital oncohematológico del Álvaro Cunqueiro. Con entre 120 y 130 pacientes a tratamiento al día, el trajín en la unidad es constante. El ir y venir de profesionales, pacientes y acompañantes, el barullo de las conversaciones, el ruido de las bombas de medicación... Una carga de estímulos demasiado elevada durante horas para todos y, más aún, para alguien con necesidades especiales y alteración de los procesamientos sensoriales.
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