ABC
La Feria de Abril ya es historia. Atrás queda ya una semana de mucha alegría en el real en la que ha sido sin duda una de las ediciones más redondas que se recuerdan. Aunque hay margen de mejora, acompañó la meteorología, acompañaron los servicios públicos, acompañaron las ganas y el comportamiento —en líneas generales— de los sevillanos, acompañaron hasta los turistas llegados desde medio mundo para llenar los huecos que los locales dejaron cuando el cuerpo y el bolsillo no podían más. Por todo, el balance de la segunda de las fiestas de primavera es más que positivo. Sevilla ha podido disfrutar de su Feria por todo lo alto. Un nuevo éxito de público que la ha convertido en una de las más multidudinarias, especialmente en el inicio, como suele ser habitual. Martes y miércoles marcaron los récords de asistencia al real. A partir de ahí, la afluencia de personas fue decayendo, pero manteniéndose de forma compensada hasta el sábado. Las madrugadas contaron con mucho ambiente hasta el cierre de las casetas. La asignatura pendiente en este aspecto vuelve a ser el fin de fiesta. El domingo, la Feria estuvo desangelada durante todo el día, con más turistas que sevillanos y casetas cerradas desde media tarde. Es cierto que, como ocurre con la preferia, esto no lo soluciona ninguno de los formatos probados hasta ahora, ya que el largo provocaba aún más acumulación de gente al principio y una desbandada generalizada los últimos días. También estuvieron a la altura los servicios públicos , desde los operarios de limpieza de Lipasam hasta los cuerpos de seguridad , a los que el alcalde, José Luis Sanz, homenajeó en la caseta municipal en la jornada del sábado. Entre ellos se encuentran los héroes de la Feria, los agentes que salvaron la vida de personas que sufrieron distintos episodios médicos estos días. El orden se ha mantenido durante toda la semana sin grandes altercados más allá de las típicas peleas de altas horas de la mañana o las personas que, en estado de embriaguez, atacan en momentos puntuales a los agentes. Pero se ha tratado siempre de eso, momentos puntuales. Destacó también el debut de los boinas rojas en el real, que actuaron con rapidez donde fueron reclamados. La movilidad en la Feria , uno de sus puntos débiles en anteriores ediciones, ha mejorado considerablemente. Pese al déficit en infraestructuras de la ciudad y a que aún hay barrios desde los que hay que hacer verdaderas peregrinaciones para llegar a Los Remedios, el papel de Tussam ha sido diferencial con servicios como el del tranvibús. Se estrena con nota permitiendo por fin que los vecinos de la zona Este de la ciudad, donde viven miles de sevillanos, puedan llegar hasta la portada de la Feria sin trasbordos y con una fluidez mucho mayor. Todo ello se suma al refuerzo de líneas como el C1 y el C2, que registraron un crecimiento porcentual enorme en los días de más público. No era fácil tampoco dar cobertura simultánea a dos grandes eventos como este y el partido del Betis contra el Real Madrid en la Cartuja —con sus terribles accesos—, pero se resolvió muy bien, y los servicios que conectaban esta con Los Remedios, como la lanzadera, sirvieron a los béticos feriantes para desplazarse entre ambos puntos. Todo por no hablar del metro, que mantuvo un servicio ininterrumpido de lunes a domingo que permitió moverse cómodamente a muchas personas. De lo que no hay quien se salve es del hachazo al bolsillo que supone la Feria. Si siempre ha sido algo caro, cada año los precios están peor. Las jarras de rebujito ya alcanzan los dieciséis euros en algunas casetas. Y si nos vamos a la Calle del Infierno, los sablazos no sólo no descienden, sino que se acentúan. Sin embargo, esta circunstancia viene de la mano de otra como es la modernización de los medios de pago. Antes los cajeros de Los Remedios echaban humo por las colas para sacar efectivo, pero ya no quedan casetas donde no se pueda pagar con tarjeta, por lo que el hacer caja en negro también se va desterrando. La apertura de la calle Pascual Márquez hacia Juan Pablo II también fue un gran acierto que permitió romper el muro que cercaba toda la cara sur de la Feria desde la contraportada hasta Costillares. Esto se verá ampliado en la próxima edición, para la que también se prevé la esperada ampliación que creará dos calles nuevas —¿Morante de la Puebla y Espartaco?— y la creación de más de 200 casetas. Por tanto, si todo sigue su curso, la que acaba de terminar ha sido la última edición de la Feria tal y como ahora la conocemos.
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