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Durante años, el número 8 de la calle Hermanos Bécquer fue algo más que un edificio en pleno barrio de Salamanca. Era un símbolo silencioso, un lugar cargado de historia y discreción donde la familia Franco mantenía uno de sus núcleos más privados en Madrid. Hoy, ese mismo inmueble ha cambiado de piel. Tras tres años de obras y una transformación integral, se ha convertido en una de las promociones residenciales más exclusivas de la capital. Donde antes hubo una vivienda familiar, ahora hay seis pisos de ultra lujo diseñados para un perfil muy concreto: grandes patrimonios que buscan espacio, privacidad y ubicación. La operación, adelantada por 'El Español', no solo ha redefinido el edificio, sino también su valor. Lo que en su día no logró venderse como un bloque único ha terminado convertido en un negocio que podría rondar los 75 millones de euros. Tras el fallecimiento de Carmen Franco en 2017, el edificio pasó a manos de sus herederos. En un primer momento, la intención fue clara: vender el inmueble completo como una pieza única dentro del mercado inmobiliario madrileño. El precio rondaba los 50 millones de euros, pero el interés no terminó de materializarse. Fue entonces cuando llegó el giro. Lejos de insistir en esa vía, parte de la familia decidió replantear la estrategia. No vender, sino transformar. Convertir un activo con valor histórico en un producto adaptado al mercado actual. Detrás de esa decisión están varios bisnietos de Francisco Franco, entre ellos Francisco de Borja Martínez-Bordiú y Jaime Ardid Martínez-Bordiú, que impulsaron el proyecto a través de una sociedad específica. Un movimiento que, con el tiempo, se ha demostrado clave. La intervención no fue menor. Aunque la fachada, protegida, se ha mantenido intacta, el interior del edificio se reconstruyó por completo. El objetivo era claro: crear algo que escasea en Madrid, viviendas de gran formato en una de las zonas más cotizadas de la ciudad. Cada planta alberga ahora un único piso, con superficies que superan los 500 metros cuadrados. Espacios amplios, acabados de alto nivel y zonas comunes pensadas para un estilo de vida muy concreto, donde el lujo no es un añadido, sino el punto de partida. El resultado es un producto muy específico y difícil de encontrar en la capital. Y eso, en este mercado, tiene un valor evidente. Ahí está la clave de todo. Donde antes había un único activo, ahora hay seis. Y cada uno de ellos con un precio que se mueve entre los 7 y los 12 millones de euros. Según las estimaciones del sector y las informaciones publicadas por el citado medio, el volumen total de la operación se sitúa entre los 70 y los 90 millones, con los 75 millones como cifra de referencia. Un salto considerable si se compara con la opción inicial de venta en bloque. Los costes de la reforma —que podrían situarse entre los 15 y los 30 millones— no han impedido que la operación se traduzca en una revalorización significativa. En otras palabras: la decisión de transformar en lugar de vender ha multiplicado el valor del inmueble. El edificio ya no es lo que fue. Tampoco pretende serlo. Hoy es una dirección exclusiva dentro de una de las zonas más codiciadas de Madrid, con compradores que, en su mayoría, responden a un perfil nacional de alto poder adquisitivo. A diferencia de otras promociones similares, donde predominan inversores internacionales, aquí el interés ha venido de empresarios, directivos y grandes patrimonios españoles que buscan residencia, no solo inversión. Queda, eso sí, una incógnita: quién ocupa cada una de esas plantas. Especialmente el ático, considerado la pieza más exclusiva del conjunto y valorado por encima de los 15 millones de euros. Un dato que, por ahora, sigue en silencio.
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