Canarias Ahora
A ratos con chulería y corrigiendo al fiscal, el primogénito del expresident arriesga y explica al tribunal sus negocios porque alega "no tener nada que esconder" Análisis l Al juicio a los Pujol le falta un empresario que tire de la manta “Yo le voy a contestar a todas las preguntas porque no tengo nada que esconder”. Corría la media hora de declaración cuando Jordi Pujol Ferrusola le ha soltado esto al fiscal Fernando Bermejo. Y ha cumplido su palabra: su declaración (no terminará este lunes) se ha convertido en una reivindicación de sus negocios, tanto de sus fracasos como de sus pelotazos. El retrato de una época: los felices 90 y 2000, cuando se hacían pocas preguntas (menos todavía si el apellido era Pujol) y “España iba bien, como dijo Aznar”, ha manifestado el primogénito. No siempre los acusados aceptan responder a las preguntas del fiscal. Menos aún con una petición de 29 años de cárcel, como la que afronta Pujol Ferrusola . Pero el hombre conocido popularmente como Júnior así lo ha querido: o todo o nada. No está claro que el resto de hermanos, que se exponen a penas más bajas y a una acusación más inconcreta, siga la misma estrategia. La sesión había empezado con intensidad con la exculpación de su padre como acusado por su deterioro cognitivo . Con Júnior, se ha entrado en el túnel del tiempo y en el lado oscuro del pujolismo en pleno intento de rehabilitación política del fundador de Convergència: su primogénito se hizo millonario gracias a los contactos empresariales que le granjeó ser hijo de su padre. Júnior considera que no hay nada ilegal en ello, aunque la factura ética la paga el expresident, obsesionado con su legado político. “Siempre es lo mismo, es pasar informació privilegiada”, ha admitido Pujol Ferrusola tras las preguntas incisivas del fiscal Bermejo sobre distintas operaciones de intermediación inmobiliaria por las que cobró. Eso sí, no eran datos sobre todos los contratos públicos de la Generalitat ,sino en su labor como conseguidor entre privados. El escrito de acusación fiscal es tan profuso como lo fueron los pelotazos de Júnior. Tanto por países (Argentina, México, Gabón, España) como por los sectores en los que intermedió (construcción, refinerías, oficinas, fotovoltaicas, casinos...). Bermejo ha ido negocio por negocio. Pujol Ferrusola respondía, a ratos encantado, a ratos corrigiendo al fiscal —“perdone, pero ha mezclado tres cosas distintas”—, y a ratos con reivindicación política —“el negocio lo hize en la comarca de La Cerdanya, en la Catalunya Nord, para ustedes Francia”—. “En este caso, la información privilegiada se la pasé al señor Cornadó en persona porque él tenía una patrimonial que ponía metros cuadrados que luego alquilaba”, ha empezado Pujol Ferrsuola sobre una de las operaciones bajo sospecha, la compraventa de oficinas por las que cobró pese a que ningún testigo ha recordado papel alguno del primogénito. “Le dije que tenía una oportunidad de crecer en Madrid, y la información me la había dado un amigo de Madrid con el que hacía cosas”, ha agregado. Pujol Ferrusola sí ha admitido que conocía a los directivos de las tres constructoras que más trabajó Copisa, Emte y Isolux, aunque cuando el fiscal le ha precisado si conocía que eran tres de las principales adjudicatarias de la Generalitat, se ha limitado a responder: “Supongo”. El primogénito no ha tenido problemas en admitir que no le fue necesario conocer todos los ámbitos por los que cobró facturas de asesor, porque lo relevante, ha insistido, era el uso de “información privilegiada” que conseguía y vendía a sus contactos. Ha explicado que, al inicio de su carrera en los 90, apostó por trabajar en el extranjero para evitar “la contaminación política” de su apellido. Solo volvió a España cuando fluía el dinero: “Cuando veo que España va bien, me dedico a España porque España va bien, como dijo Aznar y otro presidente”. Júnior ha usado hasta cuatro veces la expresión “España va bien”, e incluso ha indicado que, cuando quiso exportar a nuestro país un negocio desde México, se dio cuenta que no hacía falta: “Nos dimos cuenta que España iba tan bien que no nos necesita para nada”. Si de algunas operaciones por las que cobró no existe rastro documental se debe a que en muchos casos el negocio “se basaba en la confianza”. “En México en 1997 me engañaron y luego decido trabajar solo con gente que conozco”, ha alegado. “Yo siempre voy a riesgo, si me sale bien, bien, y si no sale, me lo como”, ha apostillado Júnior sobre su forma de hacer negocios. Sobre el origen de la fortuna oculta, Pujol Ferrusola ha mantenido la versión familiar, esta es, que se trata de un legado oculto que dejó a todos los hermanos Pujol Ferrusola el abuelo Florenci (de 140 millones de pesetas en dólares en 1980).
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