COPE
Los hábitos alimentarios en España están experimentando cambios profundos que han encendido las alarmas. Un estudio reciente del grupo de investigación en Sociología de la Alimentación (Socialimen) de la Universidad de Oviedo concluye que un tercio de la población española no sigue pautas alimentarias saludables. Este cambio en las prácticas de compra, preparación y consumo está generando nuevas desigualdades en salud y alejando a la población del tradicional y beneficioso modelo mediterráneo. Aunque la dieta mediterránea sigue muy presente en el imaginario cultural, en la práctica los españoles se alejan cada vez más de ella. El informe señala que, si bien "gran parte de la población sí cumple con el consumo recomendado de fruta", se han detectado "déficits en alimentos clave como verduras, legumbres y pescado", que se combinan con un consumo de carne superior a lo recomendado. A esta situación se suma el aumento del consumo de productos ultraprocesados, un factor que los investigadores vinculan directamente con el riesgo de padecer sobrepeso y obesidad. El propio estudio lo califica como "una tendencia que puede favorecer" el aumento de este tipo de situaciones. El informe de Socialimen identifica una marcada brecha generacional, siendo la población joven la que presenta los peores indicadores de alimentación saludable. Este grupo muestra una menor adherencia al modelo mediterráneo, un fenómeno que el estudio relaciona con factores como la situación laboral precaria, una cultura alimentaria más débil y la creciente influencia de nuevos entornos de consumo. En cuanto a los hábitos de compra, los supermercados de proximidad continúan siendo la opción dominante para los consumidores. Por su parte, las tiendas tradicionales resisten gracias a su especialización en productos frescos, mientras la compra online crece de forma progresiva, sobre todo en cadenas de tamaño medio. Un rasgo distintivo de los consumidores españoles frente a otros europeos es la importancia que conceden al contenido nutricional, lo que refleja una preocupación por la salud. Sin embargo, el precio ha ganado un peso decisivo en la elección final, relegando a un segundo plano el origen de los productos o su impacto medioambiental. Esta realidad deja en una posición de vulnerabilidad a pequeños comercios y productores locales. El estudio también confirma la persistencia de desigualdades de género en el ámbito doméstico. Las mujeres continúan asumiendo mayoritariamente las tareas de compra y preparación de alimentos, lo que supone una sobrecarga de trabajo no remunerado. Aunque se aprecian avances, la corresponsabilidad real sigue siendo una meta lejana, ya que la planificación y organización de la alimentación familiar recae principalmente en ellas. A pesar de este panorama, el informe destaca que existe un sólido soporte cultural en torno a la alimentación en España que puede ser clave para una transición hacia un modelo más saludable y sostenible. Los retos, según la Universidad de Oviedo, pasan por preservar las virtudes de la dieta mediterránea y, al mismo tiempo, abordar las desigualdades de género, las brechas generacionales y las barreras económicas que dificultan su seguimiento.
Go to News Site