INFORMACION
Nos enseñaron a pensar el ahorro como una cuestión de disciplina. El mensaje era sencillo, casi insultantemente sencillo: quien ahorra es responsable; quien no ahorra, seguramente gasta mal. Se convirtió en una especie de catecismo económico de andar por casa. Haz café en casa. No cenes fuera. Compara precios. Cancela suscripciones. Evita “pequeños lujos”. Y, si aun así no llegas a fin de mes o no consigues guardar nada, el problema parecía seguir siendo tuyo.
Go to News Site