La Opinión de Málaga
La monarquía británica ha vuelto a presentarse como un comodín diplomático de gran utilidad para el Reino Unido en un momento de creciente tensión con Estados Unidos. El rey Carlos III de Inglaterra ha aterrizado este lunes en Washington para iniciar una visita de Estado de cuatro días en la que tratará de reforzar una “relación especial” maltrecha, especialmente en materia comercial y de defensa, tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. El primer ministro británico, Keir Starmer, confía en que la visita sirva para acercar posturas con la Administración estadounidense y ayude a dejar atrás los ataques verbales que Trump ha lanzado contra él en los últimos meses.
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