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Hace algo más de dos años, en marzo de 2024, la médico intensivista Tamara Contreras salía contenta del Ministerio de Sanidad tras abordar con la ministra Mónica García una campaña por la que pedía acabar con las guardias obligatorias de 24 horas. La sensación era positiva, sentía que había hablado con una colega que, al haberlo vivido en primera persona, comprendía a la perfección la magnitud del problema. Abandonó la sede del Ministerio con la ilusión de que por fin se iba a poner límite a esas jornadas interminables, pero la sorpresa llegó cuando, meses después, Sanidad presentó una propuesta de Estatuto Marco que no ponía solución al asunto. Ahora, esta facultativa lidera una campaña que acumula ya casi 102.000 firmas contra este anteproyecto de ley. «Fue una decepción absoluta. Había sido como hablar con una compañera de hospital, hablábamos el mismo idioma. Ella reconocía la precariedad laboral de los médicos y habló de una transición para eliminar las guardias de 24 horas . Pero cuando en enero de 2025 salió el primer borrador de Estatuto Marco no se hablaba de esa transición ni se eliminaba la jornada complementaria. Nos quedábamos igual», recuerda Contreras. Los médicos son conscientes, asegura, de que las guardias de 24 horas no pueden eliminarse de un día para otro porque no todos los hospitales cuentan con las plantillas necesarias para poder hacerlo. «Pero pedimos que haya un compromiso por el que en un tiempo determinado se eliminen», incide. La decepción con la ministra, cuenta esta intensivista, fue incluso mayor por las esperanzas que muchos de los facultativos tenían en ella. «Las expectativas eran muy altas porque la habíamos escuchado antes reivindicar unas condiciones dignas y hacer huelgas, esas huelgas que ahora critica», apunta Contreras, que asegura que cuando vio que García asumía la cartera de Sanidad pensó: «Ahora es el momento». Pero esa sensación le duró poco. La petición de acabar con las guardias, sin embargo, es solo uno de los motivos que llevan a los facultativos a ir a la huelga contra el Estatuto Marco. Desde este lunes y hasta el jueves tiene lugar el tercer paro del año ante la falta de acuerdo entre el Ministerio de Sanidad y los sindicatos médicos. Es más, pese a que en las últimas semanas han mantenido varias reuniones, la tensión entre ambos bandos ha ido en aumento, con acusaciones cruzadas de deslealtad y de mentir. Los convocantes de la huelga han reclamado la dimisión de Mónica García y han exigido al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que asuma él la negociación para desencallar el conflicto. Pero Contreras insiste en que en la reclamación de los facultativos no hay «ningún tipo de ideología». «Somos médicos que nos estamos quedando sin sanidad pública segura y nos da igual quién esté en el Gobierno. Mientras siga el problema, nosotros seguiremos moviéndonos y la situación es preocupante porque vemos que no hay intención de mejorar esto», dice. Su petición, que ha realizado a través de la plataforma Movements , dice 'no' a un Estatuto Marco negociado sin los médicos. «Es una petición para la población general», incide esta intensivista, que hace un llamamiento a que los pacientes la secunden, pues el objetivo, reitera, es «una sanidad pública segura». Reclama así la iniciativa, como lo hacen los sindicatos médicos que han convocado la huelga, un estatuto médico, es decir, una norma que regule exclusivamente las condiciones de los médicos para recoger así las particularidades de la profesión. Pero la ministra se ha opuesto en varias ocasiones a que su departamento desarrolle una ley solo para los facultativos, justificando que supondría fragmentar el sistema sanitario. «No se trata ni de fragmentar el sistema sanitario ni de ser diferentes, es precisamente lo contrario. Queremos tener las mismas condiciones laborales que el resto de profesionales», contrapone Contreras. De hecho, prosigue esta médico, la petición de una norma propia responde a la necesidad de que sean los médicos los que puedan negociar sus condiciones laborales. «No tenemos representatividad por volumen, porque los médicos somos menos del 20% del personal sanitario, por lo que tenemos voz, pero no voto», expone Contreras, que afirma que en esa negociación global entre el ministerio y los sindicatos de clase se pierden sus peticiones. Precisamente acaba de publicar, junto a Movements, un microdocumental en el que explica el porqué de su campaña. «Solo luchamos por tener las mismas condiciones laborales que el resto, pero es muy fuerte cómo se le da la vuelta con un relato populista en el que se nos llama clasistas y se dice que los médicos queremos ser diferentes», lamenta. Se refiere tanto al Gobierno central como al Ministerio de Sanidad en particular. «En determinados momentos han tenido frases que nos han dolido mucho y en anteriores huelgas se ha intentado poner el foco en nosotros, en que somos el problema», continúa. E insiste en que el estatuto propio no es cuestión de querer ser más que el resto, sino de tener las mismas condiciones: «A los médicos nos pesa mucho esa huella cultural del siglo XIX de que el médico es el rico del pueblo, el pudiente. Pero si cobro más que mi vecino es porque trabajo tres veces más que él», defiende. Las «líneas rojas» de los facultativos, como remarca Contreras, además de la reivindicación del estatuto médico para poder negociar sus condiciones y del fin de los turnos de 24 horas seguidas, pasan por limitar las horas de trabajo a 12 o el blindaje de la Atención Primaria, entre otras. «Un médico no puede estar atendiendo a sesenta pacientes en una mañana. Hay que blindar la Atención Primaria», señala, así como abordar las condiciones de las médicos que son madres, el 'burnout' o la «elevada ideación suicida» entre los profesionales. «Necesitamos un espacio propio en el que poder entrar en detalle en todos estos asuntos», sentencia.
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