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Javier Chicote: «A base de escándalos, Pedro Sánchez ha anestesiado a la sociedad» | Collector
Javier Chicote: «A base de escándalos, Pedro Sánchez ha anestesiado a la sociedad»
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Javier Chicote: «A base de escándalos, Pedro Sánchez ha anestesiado a la sociedad»

El riesgo va en el cargo para Javier Chicote . Como jefe de investigación del diario ABC se ha sentado a la mesa con políticos corruptos, mafiosos, promotores viciosos… y cualquiera que le haya podido facilitar la pieza clave de un nuevo reportaje. «No he sentido miedo nunca. Si no quieres quemarte, no te hagas bombero», explica. Lo que sí le dio un poco más de respeto fue embarcarse en el mundo de la ficción. El juicio del público, a menudo más implacable que el de los tribunales. Fiel a su impulso de superarse, presenta estos días 'Demonios bajo la cama' (HarperCollins), una novela en la narra uno de los casos de corrupción que todavía no ha publicado en los medios, pero que necesitaba contar a sus lectores… de otra forma. —¿Qué tal su primer acercamiento a la novela? —Era algo que no tenía pensado hacer... quizá solo cuando fuese mucho más mayor. En principio, cuando la editorial se puso en contacto conmigo, rechacé la propuesta, pero en casa me empezaron a surgir escenas que había vivido y entendí que eran perfectas para una novela. Gracias a mi trabajo he tenido experiencias vitales que otros no han tenido. Soy una persona que se sienta con narcotraficantes, con políticos corruptos… Al final vi que tenía sentido contárselo a los lectores. —Afirma que el de su novela es un caso real, pero ficcionado. —Aunque con algunos matices, el caso de corrupción que cuento es real y está probado; hasta los diálogos son literales. En su momento no pude darlo a conocer por diferentes motivos; el principal, que legalmente era muy delicado. Tenía testimonios, pero faltaban algunas piezas. A pesar de ello, confío en poder publicarlo en el futuro. También es cierto que hacerlo a través de una novela es mucho más fácil porque nadie se va a querellar y, si un político se siente señalado, no sería muy inteligente por su parte levantar la mano e inculparse. —En la novela habla de un partido, el Socialdemócrata, que ha tenido que pactar con otro más a la izquierda para gobernar. ¿Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia? —He cambiado los nombres después de hablar con la editorial, pero creo que no hace falta decir qué partidos son. Y lo mismo pasa con el Partido Liberal Conservador. Es un libro que está muy pegado a la actualidad y que se basa en hechos reales. Cuando narro la corrupción en el Ministerio de Fomento , por ejemplo, es porque me lo desvelaron a mí. Y pasa lo mismo con los personajes. El 'Pollo', Fran Melquíades, está creado a partir de dos personas que conocí durante la investigación. —Entiendo que tampoco hace falta decir cuál es la famosa empresa de supermercados Mercatón. —No me voy a esconder. Los nombres están escogidos a propósito. Todo en la novela existe y es real. —¿Hasta qué punto está podrido el mundo de la política? —Siempre creí que una sociedad avanzada es menos corrupta. La lógica dicta que es uno de los síntomas de maduración democrática. Pero me equivoqué en ese diagnóstico. Si ves lo que se está juzgando ahora –prostitutas, pagos en metálico...– te tienes que alarmar y asumir que la corrupción no va a desaparecer. Hay una máxima en el proceso de investigación: 'follow the money' ('sigue el dinero'). Ahí aparece todo. —¿Cuánta corrupción puede aguantar un país antes de dejar de mirar para otro lado? —España está aguantando muchísimo. Nos olvidamos de que es probable que sienten en el banquillo a la mujer del Presidente del Gobierno , de Tito Berni… Siempre digo que esto ha superado el umbral del dolor. Esa es la virtud de Pedro Sánchez: a base de escándalos, ha logrado que la sociedad esté anestesiada. —Mateo, que es periodista, tiene demonios bajo la cama. ¿Usted también? —Mateo no soy yo. De hecho, para alejarme de él le hice del Real Madrid, que eso es algo que yo no podría ser jamás [ríe]. En cuanto a los demonios… yo tengo más. Mi padre quería que estudiase Económicas y trabajase en la pequeña fábrica familiar, pero me enfrenté a él y conseguí ser periodista. Desde que murió me gustaría decirle que no se me da mal lo que hago, pero no puedo. Es algo que llevo clavado y que me recuerda ese demonio que hay debajo de mi cama. —¿Qué hay de espía en el trabajo de un periodista de investigación? —Se parecen, pero hay una diferencia: nosotros investigamos, pero no porque un cliente nos lo encargue. Sí que tenemos ciertos métodos similares, pero la clave es conseguir siempre la información de forma lícita. Sin engañar, sin presionar, sin amenazar… —Mateo vive momentos muy tensos. ¿Ha pasado miedo durante una investigación? —Nunca, y eso que he tenido enemigos poderosos. Me han hecho informes de Hacienda en la etapa de Montoro; me han puesto querellas; me han señalado Alvise y Podemos… pero no vivo con miedo. En la universidad suelo decir que, si te da miedo el fuego, no te metas a bombero. Los periodistas de investigación nos enfrentamos a gente poderosa, con pocos escrúpulos y que pueden hacernos daños, pero es nuestro trabajo. Si estuviera en Colombia o en Rusia me matarían por ello; aquí, es un detalle, no lo hacen. Lo que sí procuro es que mi familia esté a salvo. Si alguien se acercara a ellos me generaría muchísima furia. Esa es mi línea roja. —Pero le habrán amenazado... —¡Claro! El comisario Villarejo está muy enfadado conmigo porque hablo con libertad en las tertulias y me ha enseñado los dientes. Y a nivel físico, otro tanto. Una vez, en el barrio del Príncipe de Ceuta, un chaval nos intentó apuñalar a un cámara y a mí. Aunque el momento de mayor tensión fue cuando un guardia de seguridad de República Dominicana nos apuntó con un fusil de asalto.

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