LOS ANDES
Cada vez que ocurre un episodio de violencia escolar, el debate gira en torno a seguridad, protocolos, controles, detectores, sanciones, leyes. Todo eso puede ser necesario, pero la prevención de la violencia no empieza en la puerta de la escuela. Empieza en la mesa familiar. En la conversación cotidiana. En el límite que incomoda. En la presencia que sostiene.
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