La Opinión de Málaga
La ultraderecha sigue avanzando y conquistando votos en democracias consolidadas, gobernando en algunos países y regiones, acumulando cada vez más adeptos en unos y otras. Algo que hace apenas unos años sería impensable y que ahora ocurre como si nada. Se ha convertido en la tendencia política. Ya escuchamos sus exabruptos a cualquier hora. Y se ha normalizado el insulto y el desprecio como parte del debate y el discurso. La ultraderecha triunfa, sobre todo, entre los más jóvenes y enfadados. Que no son pocos. Y lo está haciendo con una estrategia tan simple como efectiva: la alimentación y explotación del cabreo y el hartazgo, en todas sus variadas formas.
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