La Opinión de Málaga
Todas las fronteras son enigmáticas, muestran y ocultan. La que separa la niebla y el sol es difusa y cambiante. Hay que buscarla, monte arriba, en la franja movediza en que la niebla que sube lentamente de los valles pierde su textura hasta diluirse. Mirando hacia abajo se abren y se cierran espacios iluminados, en los que piezas del paisaje -prados, montañas, caminos, pueblos- aparecen y desaparecen. Hacia arriba es el azul del cielo el que se vela o desvela a cada instante, mientras rodean al observador masas tenues y móviles de millones de gotas de agua, que la proximidad y la luz del sol que las envuelve hace distinguibles. Bajando la vista al tapiz verde del suelo, relucen y se apagan pequeñas margaritas, amarillos dientes de león y minúsculas violetas, mientras el sol, al encender las gotitas prendidas en la punta de algunas yerbas, las vuelve diminutas luminarias.
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