El Plural
Vladímir Putin vuelve a colocarse en el centro del tablero internacional. El presidente ruso ha ofrecido a Moscú como posible intermediario entre Estados Unidos e Irán en plena escalada de tensión, con una propuesta concreta sobre la mesa: que Rusia almacene en su territorio el uranio enriquecido iraní como parte de un eventual acuerdo diplomático entre Washington y Teherán. La iniciativa, que el Kremlin ha reiterado en las últimas semanas, busca convertir a Rusia en garante técnico y político de una posible salida negociada al conflicto. Según ha defendido Moscú, el traslado o custodia del uranio enriquecido permitiría reducir las sospechas occidentales sobre el programa nuclear iraní, al tiempo que ofrecería a Teherán una vía para no ceder directamente ante Estados Unidos. El movimiento llega después de que Putin recibiera en San Petersburgo al ministro iraní de Exteriores, Abbas Araghchi, en un encuentro marcado por los mensajes de apoyo ruso a Irán y por la voluntad declarada del Kremlin de contribuir a una salida diplomática. Reuters informó este lunes de que Putin trasladó su respaldo a Teherán y reiteró la disposición de Rusia a ayudar a restaurar la estabilidad regional. Moscú quiere custodiar la llave nuclear La propuesta rusa no es nueva, pero cobra ahora una especial relevancia por el bloqueo de las negociaciones y por el creciente riesgo de una escalada regional. El Kremlin ya había planteado que Rusia aceptaría hacerse cargo de las reservas de uranio enriquecido de Irán como parte de un posible pacto con Estados Unidos. El portavoz ruso, Dmitri Peskov, insistió a mediados de abril en que la oferta seguía sobre la mesa, aunque Washington la había rechazado. La idea tiene un precedente relevante: Rusia ya participó en la aplicación del acuerdo nuclear de 2015, conocido como JCPOA, que limitaba el programa atómico iraní a cambio del levantamiento de sanciones. En aquel marco, Moscú retiró de Irán parte de su uranio enriquecido, una fórmula que ahora el Kremlin intenta recuperar como posible salida de emergencia. Para Putin, el ofrecimiento tiene una doble utilidad. Por un lado, permite a Rusia presentarse como actor imprescindible en una crisis que afecta directamente a Oriente Próximo, a la seguridad energética y al equilibrio global. Por otro, refuerza su alianza estratégica con Teherán en un momento en el que Moscú busca demostrar que, pese a su aislamiento occidental por la guerra en Ucrania, conserva capacidad de influencia diplomática. La Casa Blanca, sin embargo, no parece dispuesta por ahora a aceptar el papel de Moscú. Axios publicó en marzo que Donald Trump rechazó durante una conversación con Putin la propuesta de trasladar el uranio iraní a Rusia como parte de un acuerdo para poner fin a la guerra. El delicado equilibrio de Teherán Irán tampoco se mueve en un terreno sencillo. Teherán insiste en que su programa nuclear tiene fines civiles, pero sus reservas de uranio enriquecido siguen siendo el principal punto de fricción con Washington y sus aliados. La posibilidad de enviar ese material a Rusia puede ser vista como...
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