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¿Qué han aprendido las empresas de Albacete un año después del gran apagón?
Cope Zaragoza

¿Qué han aprendido las empresas de Albacete un año después del gran apagón?

Ha pasado justo un año de aquel gran apagón que sumió al país en la incertidumbre. Un corte de suministro de más de 12 horas que dejó una profunda huella en la industria cárnica española y en numerosos sectores, provocando pérdidas cercanas a los 190 millones de euros. La rotura de la cadena de frío obligó a desechar toneladas de productos, pero también dejó lecciones sobre la dependencia eléctrica y la necesidad de estar preparados. En Albacete, el caos de las primeras horas se vivió con especial preocupación en el tejido empresarial. La interrupción de la actividad y la falta de comunicaciones pusieron a prueba la capacidad de reacción de compañías como Jamones Benibaldo o Panaderías Cristina, que hoy recuerdan cómo afrontaron una crisis sin precedentes y qué han cambiado para evitar que la historia se repita. Para la industria cárnica, donde la temperatura es un factor crítico, el apagón supuso un desafío mayúsculo. David García, gerente de Jamones Benibaldo, recuerda la confusión inicial. "Los primeros instantes fueron de bastante incertidumbre, pensábamos que era un corte en que habíamos tenido nosotros un problema en nuestras líneas", explica. Pronto se dieron cuenta de que el problema era generalizado al fallar las líneas telefónicas. La prioridad fue "proteger nuestra operativa", afirma García. La empresa redujo al mínimo sus operaciones para mantener la temperatura de las cámaras, que "están preparadas para aguantar este tipo de situaciones". El mayor impacto fue la imposibilidad de preparar los pedidos del día siguiente. La solución llegó gracias a la comprensión de la plantilla y los clientes: "Aprovechamos un día festivo que había, y trabajamos en el día festivo, la gente fue muy comprensiva, los negocios, la hostelería, las tiendas sabían que íbamos a ir en el festivo, y abrieron porque, pues bueno, colaboraron todos". Otros negocios, como las panaderías, también vivieron horas críticas. Lucía Elías, administradora de Panaderías Cristina, relata una sensación similar de desconcierto. "Pensábamos que era algo puntual y que enseguida volvería, pero, conforme fueron pasando los minutos, ya empezamos a ver que no había comunicaciones, que no podíamos hablar con con nuestras tiendas, y ya, pues, nos empezamos a preocupar un poquito más", detalla. La producción se detuvo por completo. Tras restablecerse la normalidad, en Panaderías Cristina tomaron una decisión contundente para no volver a quedarse a oscuras. "Decidimos comprar un un grupo electrógeno para que, si esto pudiera pasar, pues poder seguir elaborando como todos los días", señala Elías. Una inversión para garantizar la continuidad del negocio ante futuras crisis, ya que, como reflexiona, "si hubiera sido más largo, pues no se podría haber seguido haciendo nada". Más allá del esfuerzo individual de cada empresa, el apagón dejó una crítica latente hacia la falta de apoyo institucional. La crisis evidenció la escasez de recursos disponibles para una emergencia de tal magnitud. "A lo mejor deberían de de invertir más o de preocuparse un poquito más en que las empresas puedan tener esas herramientas, porque se paralizó todo", lamenta una de las voces afectadas. La imposibilidad de acceder a soluciones como el alquiler de generadores, debido a una demanda desbordada, dejó a muchas empresas sin alternativas. "No podías comunicarte, no podías poder alquilar nada, porque, claro, evidentemente, pues la empresa que se dedica a alquilar grupos, pues tiene x para cosas puntuales, no para algo de esta magnitud". Aquel día no solo se apagaron las luces, sino que se encendió la conciencia de que, en un mundo dependiente de la electricidad, estar preparado para lo impensable es la única forma de sobrevivir.

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