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Cuenta el mito que Ícaro quiso huir de Creta con unas alas que su padre, Dédalo, había creado uniendo plumas de aves con cera y hilos, pero quiso volar tan alto que el sol derritió la cera, las plumas se desprendieron y cayó al mar, donde se ahogó. Hace 35 años el director y clown suizo Daniele Finzi Pasca (Lugano, 1964) creó 'Ícaro' , un espectáculo unipersonal en prisión, mientras cumplía una condena por objeción de conciencia al servicio militar obligatorio. Tres décadas y media después, y tras haberse representado en cerca de una treintena de países, regresa a España. Bilbao (29 de abril), La Coruña (2 de mayo), Barcelona (6 de mayo) y Madrid (8 y 9 de mayo) serán sus paradas en esta gira. «Al principio lo hacía mucho; ahora cada tres o cuatro meses vuelvo a él -cuenta a ABC Finzi Pasca-. Pero ahora voy a viajar mucho para celebrar los 35 años -en algunos sitios no ha estado nunca-: Uruguay, México, Canadá, Italia, Francia, España...» La fuga, la huida (más como un acto de resistencia y con la intención de volar hacia dentro y reencontrarse), está en el espíritu del espectáculo. «Hago teatro por el placer de naufragar, de perderme un poco: una de las cosas más saludables de la vida -dice el creador suizo-. Nos perdemos y nos escapamos. Una fuga interior nos revela lo que somos. La fuga es una estrategia que permite desenterrar la realidad para descubrir los secretos que esconden las apariencias, para inventar nuevas utopías». 'Ícaro' es un espectáculo en el que Daniele Finzi Pasca actúa para un solo espectador. « Los demás se convierten en 'voyeurs', en mirones , es la diferencia con otros espectáculos. El teatro depende cada noche del público, naturalmente, pero también de otros factores como la humedad o de si se acaba de declarar una guerra. El público tiene otra tensión, otra dimensión, pero sí, en 'Ícaro' resulta más evidente que cada noche esta relación con el público muda las cosas». El espectáculo, dice, se mantiene prácticamente igual que hace 35 años. «Soy yo el que he cambiado. Ahora interpreto el espectáculo con más pausa, no con tanta energía como hace treinta años; además, los clowns tenemos, como ciertos músicos, la necesidad de hacer y rehacer, de perfeccionar. Un actor está una temporada haciendo una función y se cansa; ya está, necesita un desafío nuevo, otra aventura... Nosotros seguimos, tratando de hacerlo bien al menos una vez». Y es que, dice -con un altísimo nivel de autoexigencia- que todavía, en todo este tiempo, no hay un solo día que haya terminado completamente satisfecho. «Siempre me digo: mmmm... Es tratar de encontrarle el ritmo al espectáculo, la capacidad de anticipar; tratar de respirar de la forma correcta, de utilizar la energía y acrecentarla de la mejor forma». 'Ícaro' nació como una idea, como un concepto teórico, dice Finzi Pasca. «Queríamos construir un espectáculo que representara, más que un simple espectáculo, un experimento que representara nuestra búsqueda sobre la empatía ; la idea era hacerlo dentro de un hospital, en una habitación en la que un paciente compartiera, sin saberlo, el cuarto con un actor. Después nos propusieron llevar el espectáculo al teatro para que lo vieran más personas. Y así nació, en principio para representarse cinco días en un festival, pero se ha convertido en el espectáculo más representado de la compañía». Cuando se le pregunta qué es lo que cree que conecta tanto en 'Ícaro' con el espectador para que siga interesando más de tres décadas después, Finzi Pasca se encoge de hombros. «Debo decirle la verdad: no lo sé. Todavía no lo sé. Si lo averiguo algún día, se lo digo», responde con una media sonrisa. A pesar de que en nuestros días hay muchos ícaros que quieren volar tan alto que queman sus alas y caen con mayor velocidad que subieron, dice Finzi Pasca que el espectáculo cuenta otra cosa. «El mito nos dice que Dédalo no vio caer a su hijo, pero vio las plumas en el agua... La moraleja que se ha trasladado a a varias generaciones es que tengamos sueños, pero que no sean demasiado grandes porque nos vamos a quemar. Yo, sin embargo, creo que sí hay que tener sueños grandes y, como Ícaro, tenemos que soñar con escaparnos del laberinto ; no tiene que ver con la altura a la que queramos llegar. No, escaparse es otra cuestión. Es un vuelo interior, un vuelo hacia uno mismo». ¿Y el teatro o el circo sirven para escaparse de este mundo o para entenderlo mejor? « Entenderlo es muy difícil, sería muy pretencioso intentarlo . Por eso necesitamos siempre de guías que nos expliquen cómo son las cosas. Entender no es fácil, sino más bien casi imposible. Lo que hacemos los artistas es, simplemente, tratar de representar lo que estamos viendo: lo que somos, nuestros dolores, nuestros miedos, nuestras limitaciones... Esto es lo que hacemos, pero explicar no, y escapar solo tiene sentido cuando es un escape interior». Daniele Finzi Pasca ha creado dos espectáculos para el Circo del Sol: 'Corteo' y 'Luzia', y se ha acostumbrado a dirigir espectáculos de gran formato (desde óperas a la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi o Turín, por ejemplo). « 'Ícaro' me lleva a lo esencial , a una cocina muy de principios básicos, de elementos sensibles, sencillos -dice-. La capacidad de tener fe en la simplicidad, es la única forma, creo, de poder después utilizar los grandes recursos con eficacia».
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