El Plural
Arancha Díez Abella habla desde una experiencia que no cabe en una sola etiqueta. Es psicóloga, psicopedagoga y lleva 25 años vinculada profesionalmente a la Fundación CNSE, en la que acaba de lanzar un proyecto de Fortalecimiento de las competencias digitales de las personas sordas. La tecnología no se lo pone fácil a las personas sordas Habla desde la experiencia: "Soy una persona sorda y segunda generación de personas sordas. Mis padres también lo eran. Y mis hijos también lo son". Por eso, nadie mejor que ella para explicar las dificultades que la tecnología genera a este segmento de la población y lo complicado que es desarrollar competencias digitales para sus miembros. La mitad de las personas sordas están en paro y quienes trabajan suelen tener empleos de baja cualificación No todo mejora Esa situación familiar es "atípica", porque "casi el 95% de la población sorda nace en entornos oyentes". En su caso, la sordera no fue una excepción, sino una realidad compartida entre generaciones. Eso le permite mirar hacia atrás, hacia sus padres; mirar su propia trayectoria; y pensar también en el futuro de sus hijos. "Mis padres vivieron una situación muy complicada", recuerda. Después, en su generación, hubo "pequeñas diferencias", especialmente "por los avances vinculados a la integración de España en el espacio europeo". Pero eso no significa que las barreras desaparecieran. Cuando estudió la carrera, por ejemplo, "no había intérpretes" ni se planteaba esa necesidad de manera normalizada. Fue uno de sus profesores quien buscó financiación privada para que pudiera contar con un intérprete de lengua de signos en algunas horas y asignaturas concretas. "Eso me permitió terminar la carrera y posteriormente incorporarme al mercado laboral", cuenta. Aun así, insiste en que su caso no debe confundirse con la norma. Según explica, "en nuestro país el 50% de las personas sordas se encuentra en situación de desempleo", frente a cifras muy inferiores en la población general. No lo atribuye solo a la falta de competencias digitales, sino a un conjunto de barreras acumuladas: educación, acceso a la información, comunicación y formación. "Si ahora añadimos también esta dificultad de acceso en el ámbito de las competencias digitales, pues apaga y vámonos", lamenta. Y no solo eso: "La mayoría de las personas sordas desempeñan puestos de trabajo de baja cualificación por muchos motivos: por desconocimiento, por desconfianza, por falta de competencias y demás". Futuro poco optimista Cuando le pregunto si sus hijos lo tendrán más fácil, hace hincapié en las diferencias entre distintas localidades. "En Madrid existen más recursos que en otros territorios, pero incluso así las oportunidades no siempre están cerca, ni son cómodas, ni llegan sin coste". Por ejemplo, sus hijos tienen acceso a centros educativos con profesionales capaces de atender a alumnado sordo, pero no están cerca de su domicilio. "Esto supone un gasto tanto de tiempo como de dinero", explica. Y añade otra dimensión que pocas veces aparece en el debate público: "Para otros padres y madres con niños sordos, donde no tienen esa posibilidad...
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