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Sea porque los del lado derecho no tienen ningún proyecto para salir del callejón sin salida en que está la legislatura (dado que no osan presentar una moción de censura), o porque los del lado izquierdo necesitan poner paños calientes en la herida, el hecho es que ningún sector dio suficiente importancia a las palabras de Míriam Nogueras el pasado 22 de abril. La portavoz de Junts dirigió una pregunta demoledora al presidente español, una vez constatada la parálisis de Sánchez, que solo es capaz de ejecutar aquello que aprueba vía real decreto. «¿Qué argumento democrático le queda para no convocar elecciones?», espetó Nogueras, y el silencio fue la respuesta. De este modo sutil, la palabra «elecciones» era registrada en las actas del Congreso en boca de un aliado imprescindible para garantizar la legislatura. Es cierto que la desafección con Junts ya suma seis meses que han provocado múltiples y sonoras derrotas parlamentarias al Ejecutivo español, pero de la ruptura a la mención de la palabra maldita hay un salto cualitativo.
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