La Opinión de Murcia
La antropóloga y doctora en sociología Andrea García-Santesmases ha escrito un libro necesario: Un nuevo contrato sexual. Placer y poder en la industria del deseo femenino, que esperamos genere una polémica, necesaria también, sobre las relaciones sexuales que postula el posfeminismo, una corriente hoy hegemónica que pretende que no es necesaria la lucha colectiva de las mujeres allí donde se ha logrado la igualdad formal, sino que cada una podrá alcanzar sus objetivos individualmente. La autora considera con razón que el viejo contrato sexual ha quedado obsoleto, pero que el nuevo contrato sexual posfeminista elude la reflexión feminista sobre el poder y la violencia y considera la sexualidad como una cuestión de mera elección personal sobre lo que cada cual quiera hacer, siempre que haya consentimiento. Pero consentir no es desear. Sin embargo, en la práctica, el empoderamiento sexual de la mujer posfeminista imita las formas patriarcales de la heterosexualidad, pues considera que en ese mimetismo consiste la igualdad. En otro lugar hemos llamado a esto masculinización de las mujeres, el pensamiento ingenuo de que la igualdad consiste en hacer lo mismo que ellos, pues, como decía una joven liberada: «Si ellos lo hacen, por qué yo no».
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