La Opinión de Murcia
Hay un momento en que uno deja de decir las cosas como siempre. No sé en qué báscula ocurre eso ni quién la coloca entre dos personas que se han querido bien, pero desde las palabras que visten la realidad tienen otro peso. Uno ve el nombre en la pantalla y lo mira como un animal prehistórico. Antes se tocaba sin pensar; ahora parece que pudiera romperse. No ha pasado nada grave, y sin embargo la aguja se ha desimantado.
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