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La Fiscalía de Criminalidad Informática ha abierto diligencias para investigar la difusión masiva de vídeos que muestran a personas en estado de ebriedad durante la Feria de Sevilla. Esta actuación judicial parte de un atestado de la Policía Local, que ha documentado numerosos perfiles en redes sociales, principalmente en TikTok, que comparten estas imágenes bajo la etiqueta o hashtag #papagorda. Aunque para algunos usuarios estas publicaciones puedan parecer graciosas, su viralización ha encendido las alarmas de las autoridades, que advierten que podrían ser constitutivas de un delito contra la integridad moral. Este fenómeno no es nuevo, sino que se remonta a la feria del año 2019, cuando las redes sociales comenzaron a llenarse de este tipo de contenido. Lo que empezó como una "moda" en plataformas como Twitter (ahora X) y posteriormente Instagram, ha encontrado en TikTok el caldo de cultivo perfecto para su resurgimiento, adaptándose a las nuevas generaciones de usuarios. A pesar de los años transcurridos y de los reiterados avisos sobre la ilegalidad de estas prácticas y el daño moral que causan a las víctimas, la tendencia ha vuelto a cobrar fuerza, demostrando que las advertencias han tenido un impacto limitado. Daniel López, CEO de la empresa especializada en protección digital y privacidad YouForget.me, explica que, aunque muchos compartan estos vídeos "con una intención inocente o de broma", en realidad están incurriendo en "una serie de problemas, tanto personales como legales". El experto subraya que estos actos atentan directamente contra derechos fundamentales de la persona. Se trata de "delitos contra la persona que están relacionados con la integridad, la intimidad, el honor, y que afectan a la esfera personal", al ridiculizar y exponer a alguien públicamente sin su consentimiento. López advierte sobre una confusión muy extendida entre los usuarios de redes sociales. "Mucha gente confunde que grabar en la calle es algo que está permitido, y bueno, está permitido en ciertos espacios, en ciertas situaciones, como puede ser la prensa y cuando hay imagen accesoria, pero tú no puedes ir por la calle grabando a una persona porque te apetezca", aclara. Este error de percepción ha provocado que muchas personas busquen protagonismo en redes sociales "mofándose de personas que muchas de ellas no son realmente todavía conscientes de que han sido expuestos". Para las víctimas, actuar contra estas publicaciones puede ser una carrera contrarreloj. Daniel López señala que la naturaleza efímera de muchos de estos contenidos, como las 'historias' de Instagram o TikTok que caducan a las 24 horas, complica enormemente la defensa. "La dificultad que hay es que, cuando una persona se entera, probablemente ese contenido ya no exista", lo que deja a la víctima sin pruebas para demostrar el atentado contra su honor o intimidad. Además, los autores suelen esconderse detrás de perfiles anónimos o con identidades falsas, lo que dificulta su identificación y exige un informe pericial que no siempre es fácil de obtener. Sin embargo, no todo está perdido, especialmente en plataformas como TikTok, donde muchas publicaciones son permanentes. En estos casos, es posible solicitar la retirada del contenido. Según el CEO de YouForget.me, las grandes tecnológicas "suelen atenderlo de una forma muy diligente", pero es crucial proporcionarles información precisa. No basta con una petición genérica; hay que facilitar "datos concretos de qué contenido es, cuál es la identificación única de ese contenido, cuándo está y en qué perfil está disponible" para que sus equipos legales puedan proceder al borrado. La investigación de la Fiscalía no se limita a quienes graban y publican los vídeos, sino que se extiende también a los comentarios que los acompañan. Un simple comentario puede "representar un ataque si señala contra algún colectivo o que incite al odio o a la discriminación". López critica la falsa creencia de que "la libertad de expresión permite todo", recordando que el anonimato en redes es relativo. "La gente se cree que está detrás de una pantalla de forma anónima, pero con los comentarios, te estás perfectamente señalando", advierte el experto. Este problema pone de manifiesto una profunda carencia de formación en civismo digital. Daniel López insiste en que "queda por delante muchísima educación en esta materia". A través de su proyecto "Mi Huella Digital", trabaja con centros educativos y deportivos para fomentar "valores digitales" entre los menores y sus familias. El objetivo es lograr una "educación consciente y responsable" para que el comportamiento en el mundo digital sea un reflejo de la educación y el respeto que se practica en las interacciones físicas. Mientras la Fiscalía avanza en su investigación para depurar responsabilidades penales, expertos como Daniel López continúan su labor de concienciación. La viralización del #papagorda en la Feria de Sevilla sirve como un duro recordatorio de que los límites del humor y la libertad de expresión terminan donde empiezan los derechos fundamentales de las personas, y que un clic puede tener consecuencias mucho más serias de lo que parece.
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