COPE
El investigador y neurocientífico del CSIC Álex Gómez-Marín ha compartido su visión sobre uno de los misterios más grandes de la existencia humana: la vida después de la muerte. A raíz de una experiencia cercana a la muerte (ECM) que vivió en 2021, Gómez-Marín ha dedicado los últimos cinco años a investigar desde una perspectiva científica los fenómenos que rodean el final de la vida. El experto participará este jueves, 30 de abril, en el ciclo de conferencias "FE" de la Agrupación de Cofradías de Málaga, donde abordará estas cuestiones junto al escritor Juan Manuel de Prada bajo el título "Vida después de la muerte, ¿qué opina la ciencia y qué dice la fe?". Los interesados pueden acudir a la sede de la agrupación a las 18.00 horas y disfrutar del encuentro. Su viaje personal y profesional dio un vuelco tras sufrir una hemorragia interna que lo llevó al umbral de la muerte. Aunque matiza en COPE Más Málaga algunos titulares de prensa, confirma la autenticidad de su vivencia: "Es cierto que tuve una experiencia cercana a la muerte, que vi la luz al otro lado del túnel y que luego, cuando me recuperé, decidí investigar científicamente qué es eso que a mí me había pasado". Esta experiencia le abrió los ojos a un campo de estudio que, contrariamente a la creencia popular, no está cerrado por la ciencia. Una de sus mayores sorpresas fue descubrir que "varios médicos, cirujanos, psiquiatras y también neurocientíficos, sobre todo americanos, pero hay algunos también en Europa, llevan varias décadas investigando estos fenómenos". Esto contradice la idea extendida de que la ciencia ya ha zanjado la cuestión negando cualquier posibilidad de existencia post-mortem. "Los que decían que sabemos que no, en el fondo no sabían", afirma Gómez-Marín en COPE, abriendo de nuevo la puerta a la investigación rigurosa sobre un tema que las tradiciones espirituales han afirmado desde siempre. Al describir su propia ECM, el neurocientífico ofrece una imagen vívida y personal que, según explica, comparte elementos comunes con miles de otros testimonios, lo que permite su estudio científico. "Yo estaba en un pozo, no era literalmente un túnel. Miraba hacia arriba y había una luz amarilla absolutamente maravillosa que venía del otro lado", relata. En esa visión, le "estaban esperando tres seres de luz" en lo alto del pozo. Gómez-Marín tuvo la certeza de que aceptar su ayuda significaría su muerte física. A pesar de encontrarse "en paz", tomó una decisión consciente: "Les pedí regresar y aparecí de nuevo en la cama del hospital. Esa es mi vivencia, esa es mi visión". Explica que su deseo de volver estuvo motivado por sus dos hijas pequeñas y la sensación de que todavía le quedaba "mucho por hacer aquí". Considera que se le "concedió ese deseo", pero no duda de que, si hubiera sido su momento, "habría cruzado el túnel y sin más, y a la luz". ¿Pero cómo se puede estudiar científicamente algo tan etéreo como la consciencia tras la muerte clínica? Gómez-Marín sostiene que es necesario "extender los límites de la ciencia sin extralimitarse", un equilibrio complejo que requiere, primero, atreverse a mirar lo desconocido. La investigación ya está en marcha, como demuestran los "13 estudios prospectivos intrahospitalarios" que se han realizado. En estos estudios, se entrevista a pacientes resucitados tras una muerte clínica para documentar sus experiencias. Estos protocolos permiten analizar factores como los medicamentos administrados y, en algunos casos, incluso se ha podido registrar la actividad cerebral con un electroencefalograma (EEG) durante la parada cardiorrespiratoria. Esta vía combina "la medida y el método científico con estos márgenes de la consciencia", explica. Además, se apoya en "testimonios de lujo, como cirujanos, que atestiguan fenómenos que bajo el marco de la ciencia ateomaterialista son imposibles y, sin embargo, suceden". El proceso de la muerte cerebral no es un "apagón instantáneo", sino algo "más complejo". El cerebro, "el trozo de materia más complejo que conocemos del universo", sufre un estrés extremo cuando deja de recibir sangre. Aunque finalmente se apaga, la gran pregunta para Álex Gómez-Marín es si, incluso con un cerebro inactivo, "todavía puede haber alguien o mente o alma o espíritu allí". Es aquí donde propone una revisión del modelo con el que entendemos este órgano. El neurocientífico presenta dos grandes modelos para entender la función del cerebro, a los que llama "el modelo p-p". El primero, el modelo productivo, es el más extendido y compara el cerebro con una máquina de vapor que "produce la consciencia" como un subproducto. "Cuando la locomotora se estropea y se apaga, tarde o temprano ese humo desaparece", explica, una analogía de cómo la consciencia se extinguiría al morir el cerebro. Frente a esta visión, Gómez-Marín recupera una idea del psicólogo William James: el modelo permisivo. Este modelo concibe el cerebro como "un filtro, como un receptor", es decir, "permite la mente en vez de producirla". Utiliza la metáfora de un prisma: un haz de luz blanca (la consciencia) incide sobre él y revela los colores del arcoíris (la experiencia manifestada). "La pregunta sería, ¿el prisma produce o permite que se expresen esos colores?", plantea. Bajo este modelo, que el cerebro se apague no implica necesariamente que la consciencia se extinga. Gómez-Marín reconoce que vivimos en una "sociedad tanatofóbica", con fobia a la muerte, pero invita a cambiar el miedo por la curiosidad. "Lo que sí sabemos es que nos vamos a morir todos", recuerda. En su opinión, las noticias que llegan desde la ciencia y otras tradiciones "son buenas, tiene muy buena pinta". Aunque no puede "afirmar categóricamente" que haya vida después de la muerte, sí asegura que "hay evidencias científicas que apuntan a que algo de nosotros sobrevive". Quizás la revelación más importante es el carácter de estas experiencias. Según el experto, "el 90 y muchos por ciento de los que hemos estado en ese limbo y volvemos, contamos que la experiencia de tener un pie en el más allá es maravillosa, que el más allá es un lugar muy hermoso". Esto, concluye, debería darnos tranquilidad, "porque probablemente no se acabe todo". Incluso se atreve a plantear una idea más audaz que se discutirá en la conferencia: "que regresamos a la tierra después de habernos ido".
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