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Adiós a la memoria de Las Tablas de Daimiel: fallece Julio Escudero a los 97 años
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Adiós a la memoria de Las Tablas de Daimiel: fallece Julio Escudero a los 97 años

Julio Escudero, considerado el último pescador tradicional de Las Tablas de Daimiel, ha fallecido en Daimiel a los 97 años. Con su muerte, desaparece una de las figuras más representativas de la vida ligada a este humedal manchego, donde nació en 1930 y al que permaneció unido durante toda su vida, convirtiéndose en la memoria de un ecosistema único. Hijo de una familia de pescadores, Escudero creció en una época en la que el río Guadiana marcaba el ritmo de la vida. Aprendió el oficio desde niño junto a su padre en condiciones muy duras, con madrugadas heladoras y jornadas interminables. "Pasaba muchísimo frío", recordaba al evocar las noches en las que apenas podía calentar sus manos para manejar el trasmallo. Hace dos años 'La Tarde de COPE' visitó la casita de Julio en pleno Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel. En esa visita nos contó cómo había sido su vida hasta entonces, acababa de cumplir 95 años. Y asombrados quedamos al ver como a esa edad, seguía cocinando y haciendo su vida de forma independiente. Durante décadas, la pesca de carpas y cangrejos fue su medio de vida y una fuente de alimento esencial para la comarca. De entre todas las especies, sentía un cariño especial por el barbo comizo, al que llamaba "picarro", un pescado entonces abundante y muy apreciado. La pesca, más que un trabajo, "era la única opción para muchas familias" que vivían en el entorno de Las Tablas ha recogido EFE en su memoria. Uno de los momentos más especiales de su vida reciente ocurrió cuando, con 86 años, volvió a capturar un ejemplar de barbo comizo tras más de tres décadas sin presencia documentada en el parque. Aquel hallazgo, que vivió con gran emoción, lo interpretó como una señal de recuperación del ecosistema. Tras observarlo unos instantes, lo devolvió al agua. La vida de Julio Escudero es también la crónica de la transformación de Las Tablas de Daimiel. Fue testigo directo de la desecación del humedal, la apertura de canales y la sobreexplotación de los acuíferos que alteraron el paisaje. Vio cómo las máquinas sustituían a las barcas y muchas familias abandonaban la zona, pero él se quedó. "Yo de aquí no he salido a ningún lado", afirmaba para reflejar su profundo arraigo. Tras la declaración del humedal como Parque Nacional en 1973, pasó a formar parte de la plantilla del espacio protegido hasta su jubilación. Dejó de ser pescador para convertirse en guardián y divulgador, llegando a acompañar al naturalista Félix Rodríguez de la Fuente en sus grabaciones en Las Tablas. Su compromiso con la conservación le valió varios reconocimientos, como la placa al mérito regional que le concedió en 2001 el entonces presidente de Castilla-La Mancha, José Bono. Quienes le conocieron destacan su profundo conocimiento del medio y su memoria de una forma de vida ya desaparecida, ligada a los recursos que ofrecía el humedal. En sus recuerdos ocupaba un lugar central su mujer, Pascuala Rodríguez de Guzmán, "su rica", como él la llamaba. Con ella compartió los últimos barbos comizos que pescó en el Guadiana, una escena que siempre evocaba con especial emoción. Hasta sus últimos días, Julio mantuvo la costumbre de acercarse al agua, como el guardián de los secretos del humedal.

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