Cope Zaragoza
La Rioja se ha convertido en la comunidad autónoma con la tasa de abandono escolar temprano más alta de toda España, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). La cifra, que alcanza el 18,6%, supera en más de cinco puntos la media nacional, situada en el 13,1%, y ha encendido las alarmas en el sector educativo. Estos datos, referidos a la población de 18 a 24 años que no ha completado la segunda etapa de Secundaria, plantean un escenario complejo que requiere un análisis profundo. Para entender las claves de este fenómeno, el orientador Santiago Bañuelos, que trabaja en el departamento de orientación de un colegio en Logroño, analiza la situación. Aunque el dato le sorprende, especialmente ante el auge de alternativas como la Formación Profesional, Bañuelos es claro en su enfoque: "Más que buscar un culpable, lo que tenemos que hacer es intentar buscar soluciones". A su juicio, la clave no está en la responsabilidad, sino en la acción coordinada. Bañuelos señala que no existe una única causa, sino un cúmulo de factores que van desde la influencia de las redes sociales y la búsqueda de inmediatez hasta el entorno de amistades. Sin embargo, pone el foco en las cargas emocionales que muchos jóvenes arrastran desde casa. "Muchas veces estos chicos o chicas cargan mochilas emocionales venidas de casa", explica, refiriéndose a situaciones familiares complicadas que les pesan en su día a día. El papel del orientador y del centro educativo se vuelve crucial para aliviar esa carga. "Vemos que la mochila va muy cargada y le decimos: vamos a revisar la mochila contigo para intentar reducir ese peso", comenta Bañuelos. Para ello, es fundamental generar un vínculo de confianza que permita al adolescente abrirse y exteriorizar sus problemas, un proceso que ha cambiado radicalmente con los años, pasando de ser un estigma a una herramienta de apoyo fundamental. El experto insiste en que nadie tiene una "varita mágica" para solucionar un problema tan complejo. La solución, afirma, pasa por una intervención conjunta y coordinada entre todos los pilares que sostienen al alumno: servicios sociales, la consejería de educación, el propio colegio y, por supuesto, la familia. "Esto es como las múltiples patas que tiene una mesa; si yo quito una de las patas, la mesa se tambalea y se cae", argumenta. En este sentido, Bañuelos valora positivamente el refuerzo de los departamentos de orientación en los colegios riojanos, así como la implementación de protocolos de absentismo. Estas herramientas permiten analizar cada caso de forma individualizada, tratando a cada alumno como una persona con su propia historia. El objetivo es claro: "Que no se conviertan en un número, sino que tengan todos nombres y apellidos con sus historias particulares". A lo largo de sus más de 20 años de experiencia, Bañuelos ha sido testigo de numerosas crisis, pero asegura que la mayoría de los casos son "reconducibles". Gracias a programas de atención a la diversidad o derivaciones a la Formación Profesional Básica, muchos jóvenes han encontrado una motivación para seguir adelante. La intervención coordinada y la confianza son las herramientas para lograrlo. El orientador concluye con un mensaje de esperanza, recordando con alegría a aquellos alumnos que, tras pasar por momentos "rebeldes", vuelven al colegio años después como adultos felices y agradecidos. "Te llena de alegría cuando los ves años después y son felices y han formado una familia", relata. Es la prueba de que la "semillita" que se planta en el colegio, aunque tarde en germinar, puede acabar dando sus frutos.
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