Collector
Teresa Aricha, catequista, sobre las comuniones: "El regalo que reciben los niños no es toda la parafernalia que montamos alrededor, sino la Eucaristía" | Collector
Teresa Aricha, catequista, sobre las comuniones:
COPE

Teresa Aricha, catequista, sobre las comuniones: "El regalo que reciben los niños no es toda la parafernalia que montamos alrededor, sino la Eucaristía"

Mayo es el mes de las primeras comuniones. Un acontecimiento que marca la vida de miles de niños, pero cuyo sentido a veces se diluye entre celebraciones desmedidas. Así lo advierte Teresa Aricha, coordinadora de catequesis en la parroquia San Sebastián Mártir de Arganda del Rey, quien observa con preocupación cómo el foco se desvía de lo esencial. Mientras los catequistas afrontan esta época con calma, percibe que las familias están "un poco más alteradas" por los preparativos. La labor de los catequistas es un pilar fundamental en este proceso. Aricha explica que su misión es transmitir la fe "de la manera más natural, como si Jesús estuviese siempre ahí". Este enfoque es crucial, ya que muchos niños llegan a la catequesis sin haber oído hablar de Jesús. "El grupo de catequistas lo vive de una manera vocacional y con mucha ilusión de mostrarles el rostro amoroso de esa Persona que ellos no ven, pero que está pendiente de ellos siempre", afirma. Para un niño que no conoce a Jesús, el primer paso es integrarlo en un concepto que sí comprende: la familia. "En la catequesis empezamos hablando de que los cristianos somos una gran familia", detalla Aricha. Al ver que otros niños y catequistas se reúnen en el mismo lugar y comparten las mismas actividades, "ellos ya se empiezan a reconocer como parte de algo". Aunque reconoce que "los niños de ahora tiene la imaginación espesa", asegura que en su interior "sí que tienen esa figura de que hay algo ahí que les está llamando", lo que facilita el trabajo con ellos. Esta labor evangelizadora no se limita a los más pequeños. Aricha subraya que la catequesis se extiende, de facto, a todo el núcleo familiar: "Cuando me presento a los padres como coordinadora, nunca les digo que soy la catequista de sus hijos, siempre digo que soy la catequista de su familia", revela. Este planteamiento abre una puerta a padres que se habían alejado de la fe y que encuentran en los catequistas una figura de confianza para resolver sus dudas "sin juzgarles". El resultado, según Aricha, es que "el catequista no es el catequista del niño, está catequizando a toda la familia". Gracias a este acompañamiento, celebra que "muchas familias afortunadamente regresan a lo que en un origen comenzaron". En su parroquia, coordina 22 grupos de catequesis con un total de unos 275 niños, una tarea que considera "sencilla" porque se pone "en manos de Dios" y el mensaje es claro: "Dios es amor". La coordinadora se muestra tajante al ser preguntada sobre si las celebraciones de las comuniones se han vuelto exageradas: "Totalmente". Relata casos como "un vestido de novia de una madre transformado en la hija" o niñas con "manicura francesa y maquillaje". El problema, advierte, es que el niño percibe que todo lo que rodea al sacramento "se queda en un segundo plano" porque la atención de los padres se centra en "el vestido, el banquete, los invitados, las flores, de los regalos". Aricha recuerda que la implicación familiar es clave, ya que "el 50% de la catequesis no es el que da el catequista solo, sino lo que los niños reciben en casa". Por ello, pide a los padres que colaboren para que el mensaje no se pierda. Su consejo para las familias es que se olviden de los nervios y disfruten, porque sus hijos "van a recibir el mejor regalo". "El gran regalo que van a recibir no es toda esa parafernalia que montamos alrededor, sino la Eucaristía", insiste. Por eso, anima a las familias a centrarse en lo verdaderamente importante: el encuentro de sus hijos con Jesús. Mantener el vínculo con la Iglesia tras la Primera Comunión es un "trabajo arduo", ya que "las menos familias son las que quedan en los grupos de poscomunión". Sin embargo, las que continúan lo hacen con un fuerte sentido de pertenencia. Para fomentarlo, la parroquia combina la catequesis con "dinámicas, juegos y salidas en bicicleta". El objetivo es que los niños "quieran sentirse parte de esa familia de la parroquia y que se quieran quedar". Iniciativas como el grupo de monaguillos o las cenas en comunidad son fundamentales para que "se sientan importantes y parte de ese todo". A lo largo de sus años de experiencia, Teresa Aricha no solo ha enseñado, sino que también ha aprendido de los niños. Asegura que le han enseñado a tener "paciencia" y, sobre todo, a "disfrutar de que tú estás dando gratis lo que gratis has recibido". Una lección de generosidad que resume la esencia de su vocación: "Te enseñan a compartir lo que gratis has recibido".

Go to News Site