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Cádiz es, para muchos, el destino de playa perfecto cuando llega el buen tiempo. Sus playas suelen encabezar todas las listas de las mejores de España, y es normal que localidades como Conil, Tarifa o Zahara se llenen de gente buscando ese ambiente único de los pueblos blancos de la provincia. Sin embargo, más allá de las grandes playas que todos conocemos y que aparecen destacadas en cualquier aplicación de mapas, la Costa de la Luz guarda rincones que Google Maps no suele marcar como «populares» y que son auténticos tesoros. Así que si eres de los que prefiere cambiar la comodidad de un parking a pie de playa por un entorno más salvaje , estas tres playas que te recomendamos desde ABC te van a descubrir la cara más auténtica y virgen del litoral gaditano. Ubicada en pleno Parque Natural del Estrecho, la Playa del Cañuelo es un pequeño paraíso de apenas 800 metros que ha sabido mantenerse a salvo de la masificación gracias a su acceso. No es una playa para llegar con el coche y bajar la sombrilla, sino un destino para los más aventureros, ya que para acceder a ella hay que caminar unos treinta minutos por senderos naturales que atraviesan pinares y jaras. Su arena es fina y dorada, y sus aguas son tan cristalinas que se ha convertido en un lugar idóneo para quienes disfrutan haciendo snorkel o submarinismo. Además, su orientación bajo el Faro de Camarinal la convierte en un refugio excelente cuando sopla el viento de levante. Al ser un espacio prácticamente virgen, el grado de ocupación es bajo incluso en agosto. Es un rincón muy querido por quienes practican el nudismo , ya que la vegetación ofrece una privacidad difícil de encontrar en otras zonas. Lo más importante es que aquí no hay servicios de ningún tipo, por lo que es necesario llevar comida y bebida, además de un calzado apropiado para hacer el camino de bajada sin riesgo. Los meses de mayo, junio y septiembre son mágicos en El Cañuelo, ya hay días en los que se puede disfrutar de esta joya de la costa gaditana en absoluta soledad. Si buscas algo más recogido, la Cala del Frailecillo en Conil de la Frontera es una opción ideal. Se encuentra escondida bajo los impresionantes acantilados de Roche, unas paredes verticales de roca rojiza que crean un contraste espectacular con el azul del Atlántico. Esta cala tiene forma de herradura y, a diferencia de otras vecinas, suele mantener una buena franja de arena incluso cuando sube la marea. Lo más increíble es cómo los acantilados te protegen del viento de levante, a diferencia de lo que ocurre en otras playas de Conil. Lo malo es que para disfrutar de esta playa hay que ganárselo un poco, ya que tienes que dejar el coche y seguir los senderos sobre el acantilado para bajar por una larga escalera de madera. Es un lugar donde prima el respeto y la tranquilidad, siendo habitual ver a personas practicando nudismo o a pescadores instalados en las rocas laterales durante la marea alta. Como ocurre en otras zonas vírgenes, no cuenta con chiringuitos ni duchas, por lo que llevar agua y una sombrilla es fundamental para pasar el día. Además, ver cómo el sol se esconde aquí mientras los acantilados rojizos se vuelven aún más intensos con la luz del atardecer es una de las experiencias más bonitas que puedes vivir en toda la provincia de Cádiz. Conocida también como la «playa del Chorro», la Hierbabuena es uno de los últimos reductos vírgenes de la provincia de Cádiz. Situada en el Parque Natural de La Breña, se extiende desde el puerto de Barbate hasta los pies de los acantilados, ofreciendo casi un kilómetro de libertad absoluta rodeada de dunas y un frondoso pinar de pino piñonero. Es un destino excelente para los amantes del surf y el wind-surf , ya que sus olas y vientos constantes atraen a deportistas que buscan una experiencia más privada que en las playas más famosas de la provincia. Aunque la playa conserva su carácter salvaje, cuenta con algunas comodidades como pasarelas de acceso y aparcamiento cercano . Durante el verano suele haber algún chiringuito para que puedas probar el pescado de la zona, aunque la gran ventaja es su cercanía a Barbate, donde se puede probar el auténtico atún rojo de almadraba. Además, desde esta playa parte el sendero del Acantilado, que recorre más de siete kilómetros de costa hasta Los Caños de Meca, permitiendo observar cuevas naturales como la del Cristo. Es el sitio perfecto para quienes quieren tanto bañarse en aguas cristalinas como caminar entre los pinos y disfrutar de unas vistas espectaculares del océano.
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