Collector
María Galiana: «Mi intimidad no se la cuento ni al lucero del alba» | Collector
María Galiana: «Mi intimidad no se la cuento ni al lucero del alba»
ABC

María Galiana: «Mi intimidad no se la cuento ni al lucero del alba»

María Galiana (Sevilla, 1935) sonríe. Sonríe mucho. Lo único que nubla su sonrisa es perderse un partido de tenis -«juega Sabalenka», explica-. Y es que ella también 'juega', aunque en el escenario. «El juego es fundamental para mí; yo no me lo puedo tomar a pecho, no me lo puedo tomar en serio. No puedo, no puedo... Por muy dramática que sea la función -la anterior era un drama terrible, ' La reina de la belleza de Leenane '-, yo entro en el personaje, por supuesto, y me pongo a jugar. Y ya está, cuando se acaba me voy a mi casa, o me tomo un helado... Pero trascendente no lo puedo hacer». La actriz lleva varios meses embarcada en un nuevo proyecto, 'Yo solo quiero irme a Francia', una comedia escrita y dirigida por Elisabeth Larena, que llega estos días al Gran Teatro Pavón de Madrid (del 29 de abril al 24 de mayo). Le acompañan en escena Nieve de Medina, Anna Mayo y María Roja. La obra transcurre durante el velatorio de Pilar, una anciana que acaba de fallecer, y al que acuden dos mujeres que no se conocen: Leo, su nieta, e Inés, una joven desconocida a la que Pilar ha dejado su casa en herencia de manera sorpresiva. «Por lo que lucho en el escenario es por captar la atención del público; quizás sea por haber dado clases durante tanto tiempo, pero yo sé perfectamente cuándo han entrado en la función, cuándo están atentos y cuándo les está gustando. Es verdad que a veces te llevas un chasco tremendo, o una gran sorpresa, porque hay muchos públicos muy diferentes». Como diferentes son las maneras de abordar la interpretación. «Hay actrices ensimismadas, que actúan para sí mismas, y ante las que el público ve cómo se ríe, cómo sufre, cómo se alegra... Pero eso no es lo que yo quiero. Yo lo que quiero es que el público sienta la misma emoción que yo . Que si mi personaje lo está pasando mal, ellos, de alguna manera, sientan que se les encoge la garganta. Trato de transmitir toda la gama de sentimientos que estén en el personaje y en la función estén; quiero que al salir la gente me diga: 'Ay, hija mía, cómo me has hecho llorar, qué maravilla', o 'cómo me he reído contigo', o 'qué bien me lo he pasado'». En 'Yo solo quiero irme a Francia' se mezclan memoria histórica, memoria personal, heridas familiares, identidad. «Esta es una historia de heridas heredadas -dice Elisabeth Larena-, de ausencias que se perpetúan, de secretos que no caben en una casa que se cae a pedazos. Intentamos indagar en esto con humor, porque a veces hay cosas que sólo se pueden contar con un 'no me jodas' bien puesto». «Al principio la actitud del público es la de esperar a ver qué le cuentan -sigue María Galiana-. Hay una señora muerta, dos chicas que no se conocen y que luego descubrirán lo que tienen en común... Hay una intriga que no es de culebrón, ni muchísimo menos, que es simplemente teatral. Y poco a poco los espectadores van descubriendo cosas y se pasa del embrollo a los sentimientos de las mujeres, y especialmente de la anciana, que se descubre que ha tenido una doble vida; con una vida aparentemente normal en su época -además era un cargo en la Sección Femenina-, muy convencida de sus ideas, y que sin embargo escondía un carácter, una personalidad, una tendencia sexual incluso, totalmente ajena a esa normalidad. Y eso es muy interesante para el público, que se siente movido». «Es muy aventurado que la gente al final de la función vea lo que esta mujer sentía, lo reprimida que estaba. Y es que la generación de Pilar y la mía, la de María Galiana, hemos sido las reprimidas del siglo . Todas, todas. Yo ahora veo la lucha de los chicos y las chicas jóvenes por emanciparse de sus padres. Y me veo en esa época y recuerdo que a mí nunca se me hubiera ocurrido nunca irme a vivir a otro lado, porque irme de casa de mis padres era para casarme; si no era para eso ni se me pasaba por la cabeza. Ni tampoco que mis padres se fueran a una residencia; cuando fueron mayores, me los llevé a mi casa -yo fui hija única- y en mi casa murieron». Estas historias de hace cincuenta o sesenta años, asegura María Galiana, siguen conmoviendo hoy en día. «El alma humana sigue teniendo las mismas pasiones, las mismas inclinaciones y se enfrenta a las mismas luchas. Claro, hay diferencias. Todo lo que los niños jóvenes se cuentan, incluso a través de las redes sociales, nosotros se lo contábamos al director espiritual , que para eso lo teníamos... A mí no se me ocurría contarle determinadas cosas a otra persona; cuando me hablan de hacer una 'entrevista íntima', yo respondo que 'mi intimidad no se la cuento ni al lucero del alba. Cada uno está educado de una manera, pero ni loca voy a contar yo cosas de mi vida conyugal, por ejemplo. A una amiga o a un amigo -y los tengo maravillosos-, vale, pero ¿a un periodista? Ni hablar, esas entrevistas son 'confesionarios'. Rosa León me dio un consejo hace años; me dijo: 'A la televisión no se va más que para hablar de trabajo'. Así que yo, como Umbral, vengo aquí a hablar de mi libro». 'Yo solo quiero irme a Francia' tiene como telón de fondo la situación política durante la dictadura franquista, pero es, asegura María Galiana, una historia humana, personal. «Se inspira en Mercedes Formica (Cádiz 1916-Málaga 2002), una mujer que estudió Derecho y que tuvo el valor de defender lo que creía que se había hecho bien durante el régimen, como la Seguridad Social o la protección a la familia; al tiempo, peleó por la situación de la mujer y por cambiar las leyes; si una mujer se quería separar de su marido, el hogar le pertenecía a él y ella se tenía que ir a la casa de su padre, de un hermano o de un tutor que se responsabilizara de ella. 'Yo solo quiero ir a Francia' es una frase que en realidad significa 'Yo quiero libertad'». A sus noventa años, María Galiana recrimina a la clase política su «lucha absurda; no son políticos, servidores de la polis, sino que están recurriendo a tópicos. Me parece bien que haya partidos de derecha e izquierda, incluso de extrema derecha y extrema izquierda, pero es que no hablan de las mejoras sociales, no hablan de hacer algo que verdaderamente interese. Yo creo que culturalmente estamos muy atrasados. Escuchas el nivel de los discursos de los políticos de ahora y dices: 'Apaga y vámonos'. Lees el discurso que hizo Castelar durante la Primera República para defender la abolición de la esclavitud, y seguro que se consiguió solo por su discurso... Yo creo que desde que se murió Manuel Fraga, no se ha vuelto a hablar bien en el Congreso , fíjese. Yo estoy muy decepcionada».

Go to News Site