ABC
El 'permagel' o 'permafrost' es aquella capa de suelo, roca o sedimento que se mantiene congelado durante dos años seguidos. La simbología geológica inspiró a Eva Baltasar la novela homónima que, en 2018. inauguró una trilogía femenina que prosiguió con 'Boulder' (finalista del Booker Internacional) y 'Mamut'. La historia nació en el diván de la psicóloga cuando pidió a Baltasar que resumiera su biografía en cuatro folios, explicaba la autora a Bruno Pardo Porto en ABC. Al expresarse en primera persona, Baltasar halló su voz: comenzó a insertar elementos de ficción para aportar color a un relato que le aburría. La literatura había sustituido a la terapia. Nacía 'Permagel', un éxito editorial que han llevado al escenario Victoria Szpunberg y Albert Pijuan con una coproducción de Dagoll Dagom y Barc. Aunque reacia a las adaptaciones de novelas al teatro, Szpunberg ha valorado la oralidad, la irreverencia y la sensibilidad de ' Permagel '. Una madre obsesionada por la salud y que escucha una y otra vez 'Mirando al mar'; una hermana que parece encarnar la felicidad conyugal; los estudios con los que ha de cumplir las expectativas familiares y la medicación ansiolítica conforman esa estructura helada que aísla a la protagonista hasta contemplar el suicidio para acabar de una vez con todo; solo la adicción sexual lésbica le sirve de juego para aplazar la muerte. La responsabilidad que siente hacia su sobrina y un suceso terrible quebrarán el hielo hasta desvelar la realidad. El 'permagel' ya no separa a la protagonista de la auténtica existencia. Szpunberg ha reconducido la narración para darle hechuras teatrales. La escenografía minimalista en blanco potencia la palabra; las imágenes borrosas en dos paneles enfrentados reflejan la mirada desenfocada de la suicida potencial. María Rodríguez Soto imprime contundencia a esa mujer treintañera que coteja las diferentes maneras de poner fin a su vida en la primera quincena de un mes de enero. La ironía costumbrista de algunos pasajes podría llevarnos al tópico diario de Bridget Jones, si no fuera por la posibilidad suicida que nos acerca, aunque con menos contundencia, a la mirada sarcástica y oscura de Thomas Bernhardt. Una adaptación que no defraudará a quienes leyeron la novela.
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