Vanguardia
Monterrey no es una ciudad, es sociedad anónima con clima controlado y fascinación patológica por el color naranja fosforescente. Aquí, el éxito no se mide en virtudes, sino en la capacidad de mover dinero de un bolsillo a otro sin que las leyes de la física —o las del SAT— se den por enteradas.
Go to News Site