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Todas las semanas, en distintos puntos del país, grupos de niños entre 6 y 12 años se reúnen en las aulas científicas «Margarita Salas» y a través de distintos proyectos descubren que la ciencia está en cualquier parte: en la naturaleza, en el cine, en la música, en lo que comen…Las distintas actividades científicas, dinámicas y accesibles, permiten que los pequeños desarrollen habilidades esenciales para comprender mejor el mundo. El programa Dinamizadores, STEAM de la Fundación Margarita Salas comenzó el curso 2023/2024, y ya cuenta con 19 aulas en 7 comunidades autónomas en las que participan más de 250 niños. Los alumnos que participan en estas aulas han estudiado el descanso y el sueño en los seres vivos, la sostenibilidad y la mejora de su entorno a través de la ciencia, la ciencia y la tecnología de los alimentos, el clima y su funcionamiento o su relación con el calentamiento global. La idea de las aulas científicas surgió de la innovadora iniciativa 'Espiciencia' en la localidad burgalesa de Espinosa de los Monteros, llevada a cabo por Bárbara de Aymerich, profesora de la Universidad de Burgos (UBU). Con la entrada de la Fundación Margarita Salas «no solo se llega a las zonas rurales sino también a barrios de la ciudad donde se ve más la brecha científica», explica Isabel Molina, directora de Educación y Divulgación de la fundación. «Es una actividad extraescolar para los alumnos, gratuita, que llevamos a cabo en bibliotecas, centros…y hemos logrado crear una comunidad donde toda la zona se implica mucho», resalta Molina. En cada zona buscan referentes científicos y la acogida de esta actividad está siendo muy buena, tal y como muestra el crecimiento de las aulas. Cada una de ellas tiene alrededor de 15 niños, en algunas hay lista de espera y por lo general los niños quieren continuar de un curso a otro. Desde la fundación recuerdan que con esta iniciativa «no se persigue que los participantes sean científicos sino que crezcan con una cultura científica, fomentar el gusto por la ciencia y que consigan tener pensamiento crítico, que vean la utilidad de la ciencia», aclara la directora de Educación y Divulgación. Reconoce que la adhesión al proyecto ha superado las expectativas de la fundación. «Me sorprende que siendo una extraescolar haya tanta adherencia. Los padres se involucran mucho. Al ser proyectos basados en la indagación motiva a los niños quienes lo cuentan en casa y trasladan ese conocimiento también a la escualos». La científica Bárbara de Aymerich está viviendo un sueño al ver que su idea es la base de un proyecto ahora nacional. Lleva muchos años trabajando con alumnos de Primaria y subraya «su entusiasmo por la ciencia cuando se sabe llevar de forma experimental». Por eso es muy importante la pasión que ponen los 15 dinamizadores. Una de las principales preocupaciones a la hora de organizar las sesiones es conseguir que los pequeños se sorprendan con lo que van a hacer, que sientan inquietud «a la vez que entiendan que hay que ser riguroso». Buscan problemas que puedan resolver, juegan con ellos, les escuchan «y tenemos muchos planes programados porque con los niños muchas veces las cosas no salen como tienes planeado en un principio», comenta con humor. Trabajan con proyectos trimestrales que Bárbara presenta a los dinamizadores a quienes les da las pautas y la formación para que luego lo trasladen en sus aulas. «Tenemos reuniones cada dos semanas donde me comentan las dificultades, como están los chavales y vamos reconstruyendo el proyecto a lo largo del trimestre», avanza la docente. Además, llevan a cabo una evaluación. En sus más de veinte años de trabajo en este campo asegura que tanto las familias como los pequeños viven esta experiencia con mucha ilusión e inquietud. «Es una experiencia increíble», subraya, aunque reconoce que después de todo este tiempo han cambiado la forma de plantear los proyectos ya que «los intereses son distintos. Tenemos que avanzar nosotros, es un reto para el docente y una suerte poder ir de la mano con ellos», matiza Bárbara. En su opinión, otras cosas han cambiado entre el alumnado, «les vemos más motivados pero al mismo tiempo más dependientes, a la hora de lanzarse tienen más miedos». Matiza. A la hora de hablar de los aspectos más positivos de este programa la divulgadora científica destaca que el interés de la ciencia se incrementa. «Mejora la calidad del aprendizaje en el rendimiento escolar. Prestan más atención y se sienten más seguros al estudiar», añade. También subraya la visión que pasan a tener del mundo científico, dándose cuenta de la utilidad de la ciencia. «Ven un mundo abierto, les llama la atención», matiza. En Alcalá del Rio (Sevilla) también acude a las aulas científicas Héctor, de 8 años. «Su mejor día de la semana es el jueves, cuando tiene esta actividad. Está encantado», asegura Juan Carlos, su padre. «Algo que no le pasa con otras extraescolares y aquí si por algún motivo no puede ir se enfada», apunta. Si bien no tiene problemas de integración esta actividad está siendo muy buena porque «conviven con niños de otras edades. Se ayudan mucho y le gusta estar con los mayores», explica el padre. En el colegio siempre ha ido bien pero Juan Carlos sí nota que las aulas científicas le motivan para la escuela. «Le permite tener la mente más abierta. Le hace razonar cosas, el por qué de las cosas, y en el día a día piensa más las cosas, las analiza», resalta. En el caso de Héctor, le apasionan los animales, concretamente las aves, y es por ahí que quiere orientar su futuro profesional. Pero no solo los niños están disfrutando con esta iniciativa sino que para los dinamizadores también está siendo algo muy positivo. Carmen Márquez, dinamizadora STEAM de Alcalá del Río y El Viar, gracias a la oportunidad de dar estas clases ha redescubierto el sentido de la docencia, «ver cómo los alumnos/as están motivados por aprender e investigar. No hay nada mejor que oírles decir al llegar a clase que es el mejor día de su semana, que han investigado en sus casas y que de mayor quieren ser científicos», resaltan. Además, al trabajar en zonas rurales, comprueba que «menos es más» ya que «valoran mucho más todo, cualquier investigación, creación o salida», añade. Por su parte Laura Cáceres es dinamizadora STEAM en las tres Aulas Margarita Salas de Tenerife que están apoyadas por las Fundación DISA y la Fundación CajaCanarias. Por su experiencia en el proyecto reconoce que la mayoría de los niños llega con la idea de que la ciencia es algo difícil, muy de libro y un poco rollo. «La ven como algo lejano, que no tiene mucho que ver con su día a día. Pero en cuanto empiezan a experimentar y a participar, cambian el chip súper rápido y se dan cuenta de que la ciencia está en todo y que puede ser divertida», cuenta la dinamizadora. Esta experiencia les permite desarrollar distintas competencias. Por ejemplo, «ganan en curiosidad y en perder el miedo a equivocarse. Aprenden a pensar por sí mismos, a trabajar en equipo y a comunicarse mejor. También se nota mucho en la confianza que van cogiendo poco a poco», pone como ejemplos. Esta dinamizadora reconoce que entre sus alumnos hay casos que emocionan mucho. Por ejemplo, un niño con diagnóstico de TEA que en su entorno escolar apenas participa, «y sin embargo en el taller se ha convertido en un referente: lidera, explica y no para de interactuar. Él dice que aquí ha encontrado un espacio seguro donde puede ser él mismo. Y cuando eso pasa, el cambio es increíble».
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