El Plural
Por un eurito el recuerdo, guapa, que esto no se ve todos los días, vocea el de la puerta de la Macarena. Y yo me paro un segundo y pienso: "Vale el recuerdo, la postal, a euro… ¿y el presente, miarma, a cuánto me lo están vendiendo? ¿En qué momento la vida diaria vale como "experiencia turística premium?". Concepto acuñado por la Concejalía de Airbnb y la Consejería del "todo va como un tiro"… Porque una cosa es vender postales y otra muy distinta es ponerle etiqueta de "experiencia premium" a la vida de los sevillanos. Pero aquí estamos, con el alcalde jugando a city manager y Juan Manuel Moreno Bonilla ejerciendo de relaciones públicas del rentismo fino. Los "tenedores", dice. Llevo más de un año viviendo en el centro; quien dice viviendo, dice sorteando maletas con ruedas. Mi bloque tiene pasajeros. Nada de vecinos. Se dice "enjoy your stay" en lugar de "buenos días". Vivo en una sala de embarque con balcones. El ascensor marca las terminales. T-1.Francés con guía. T-2. Alemán con sandalia. T-3. Despedida de soltero con camiseta fosforita. Y tú, en chándal, no en traje de flamenca, esquivándolos como si estuvieras en una gymkana: "sorry, sorry… quillo, que mañana trabajo, que no estoy de puente perpetuo". Que en Andalucía se trabaja, manque le pese a Bendodo. Yo misma, a veces, me siento de intercambio. El Erasmus que nunca hice, pero sin fiestas gratis y con un alquiler que parece tarifa de suite. Porque de eso va también esto. No nos engañemos. De cómo lo cotidiano se vuelve rareza y lo excepcional se convierte en norma. Pero, fuera bromas, que el humor aquí es defensa personal, no quiero irme del centro. De verdad que no. Lo que no quiero es este centro. Porque los espacios tienen sentido según para qué se usan. Y un centro que sirve solo para que otros pasen no puede servir para que alguien se quede. Vivir es otra cosa. Vivir es que la ciudad te reconozca sin necesidad de traducirte. Qué romántico, qué bonito. El turismo, en cambio, es otra lógica. También romántica. Preciosa. Es la excepción convertida en hábito. Es vivir sin horario, probarlo todo, gastar de más porque "ya que estamos…". Y, oye, todos lo hemos hecho. Todos hemos sido turistas felices en otra parte, pagando un café con vistas. Nadie está en contra de eso. El problema no es que venga gente; el problema es cuando todo se adapta solo a quien viene. Porque entonces lo que viene son estas cositas. El precio de un alquiler se decide por noches y no por años; que un bar cambia de carta tres veces para seguir la moda y olvida a quien iba todas las semanas; o, como narraba Juan José Millás el otro día, que los sevillanos no vamos a comer al centro por la homologación de cartas y precios. Tos por igual, turistas y sevillanos. Que el saludo se vuelve protocolo y la conversación, servicio. Que tu rutina empieza...
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