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Han pasado casi dos meses desde que murió el célebre periodista Fernando Ónega . A sus 78 años dejaba este mundo y con ello, un legado histórico, siendo considerado uno de los cronistas más destacados del periodismo español, voz especialmente imprescindible durante la Transición. Aunque tenía tres hijos, Cristina, Fernado y Sonsóles, esta última es la que más ha prosperado en el mundo de la comunicación, contando a día de hoy con un programa propio en Antena 3 y habiendo recibido el Premio Planeta 2023. Sonsóles mostró su dolor ante la pérdida de su padre y sigue emocionándose al recordarlo, tal como expresó este martes en 'Y ahora Sonsóles', cuando sus compañeros le prepararon un programa especial en el que viajaron a su pasado. En un recorrido por su infancia, el equipo del programa se desplazó hasta un lugar muy importante para Sonsóles, un sitio que es refugio emocional y también terrenal: el pueblo de Galicia que vio crecer a su padre. Se trata de la aldea gallega de Mosteiro, capitalidad del municio de Pol, a unos 25 kilómetros de Lugo. Esta pequeña parroquia de poco más de 200 habitantes es donde nació Fernando Ónega, donde sus padres, Angelita y José Ramón, recogían patatas y berzas o sacaban al ganado de las cuadras, tal como recoge 'Semana'. Como punto de reunión familiar, Sonsóles y su hermana pasaron muchos veranos de su infancia en estas tierras gallegas de interior, donde reinan la tranquilidad y la hospitalidad. En la visita del equipo de Sonsóles a Mosteiro, pudieron ver las casas de piedra de los abuelos y tíos de la periodista, y las calles y prados por los que corría. Al hablar con la panadera del pueblo, una tía de Sonsóles y algunos vecinos, cuentan que la escritora «era muy traviesa» o que «en este prado, Sonsoles quería tener caballos y hacer una hípica de joven«, recuerdos que hacían emocionar a la hija de Fernando Ónega en plató. «Maruja es la prima de mi madre; Mari Carmen, la panadera; y Avelino, nuestro vecino que cuida la casa de mi abuela. Y son los que quedan; no quedan muchos y te da pena porque empiezas a situarte en la primera línea. No sabes si serás capaz de trasladar a tus hijos ese amor por la tierra, por la raíz, por lo esencial que al final es lo que importa», explicaba Sonsóles con lágrimas en los ojos. Allí su padre escuchaba la radio en su infancia, que vivió en plena naturaleza y con la calma que caracteriza a este tipo de parajes. «Me encantan las ciudades y la vida en las ciudades, pero aterrizo cuando llego a un pueblo. Me gusta el ritmo de los sitios pequeños, y sobre todo, ese respeto a los orígenes. Tengo algo de todo eso» contaba el difunto periodista en una entrevista con con 'Semana'. En esa misma aldea y esas mismas paredes, la Sonsóles niña comió cocido, pan y lacón junto a su familia, en un pueblo al que sabe que, a pesar de la distancia, puede acudir siempre que necesite paz y reconectar directamente son sus raíces y su pasado, siendo, a la vez, el lugar hecho recuerdo que siempre le hará estar unida a su padre.
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