COPE
Suena inofensivo, casi simpático, pero el gas de la risa o óxido nitroso se ha convertido en una peligrosa tendencia de consumo entre los jóvenes. Esta sustancia, que se inhala en globos de forma discreta, provoca una euforia breve y una sensación de desinhibición en segundos. Sin embargo, los riesgos van mucho más allá de un simple mareo, con ingresos hospitalarios ya registrados en toda Europa. En el programa 'La Tarde' de COPE, la periodista Pilar García Muñiz ha abordado esta problemática junto a varios expertos para desvelar la cara oculta de esta droga. El doctor Emilio Salgado, responsable de la unidad de toxicología clínica del área de urgencias del Hospital Clínic de Barcelona, ha sido uno de los invitados para arrojar luz sobre el tema. El experto advierte que el principal problema radica en la "banalización de esta sustancia", favorecida por un nombre que incita al consumo y una falsa percepción de seguridad. Su fácil y barato acceso, como apuntaba la colaboradora Ana Martín, agrava la situación, ya que se puede conseguir a través de una simple búsqueda en internet debido a sus usos legales en repostería o industria. El doctor Salgado recuerda que el óxido nitroso "fue el primer anestésico general que se utilizó en medicina a finales del siglo XIX" y que todavía hoy tiene aplicaciones terapéuticas para tratar el dolor. Históricamente, su uso lúdico no es nuevo, ya que en esa misma época la sociedad británica celebraba fiestas donde se inhalaba este gas por sus efectos eufóricos. Sin embargo, su consumo como sustancia de abuso recreativo es un fenómeno mucho más reciente. La tendencia actual comenzó a observarse "desde el año 2015 aproximadamente" en el norte de Europa, principalmente entre jóvenes de 17 a 20 años. Según el toxicólogo, en los últimos diez años, este consumo "ha ido progresivamente extendiéndose hacia la parte más sur de Europa", llegando a España de forma más notable "después de la finalización de la pandemia". Aunque los casos de intoxicación aguda grave son poco habituales en urgencias, existen. El doctor Salgado explica que al inhalar el gas no se inhala oxígeno, lo que "puede provocar una falta de oxígeno momentáneo al cerebro" o "alteraciones del ritmo cardíaco", especialmente en personas vulnerables. Además, ha atendido casos de quemaduras en manos y boca provocadas por la baja temperatura de los cartuchos que contienen el gas al manipularlos. El verdadero peligro, y el más desconocido, reside en el consumo continuado. Emilio Salgado alerta de que el uso crónico provoca que la vitamina B12, fundamental para la neurotransmisión, "se oxide y deje de hacer su función". Esto deriva en graves daños neurológicos que afectan a la médula espinal y los nervios periféricos. Los síntomas de este daño progresivo son el principal motivo de consulta médica. Las personas afectadas empiezan a experimentar "hormigueos en las manos, en los pies, dificultades para caminar, se le caen las cosas de las manos", describe el doctor. El experto advierte de que, tras un consumo continuado, "vas a andar como un pato y no vas a poder coordinar bien con tu mano". Ante este fenómeno, la primera reacción podría ser la prohibición. Sin embargo, basándose en la experiencia de países como Francia o los Países Bajos, Salgado afirma que "la prohibición no es en el fondo una medida ni viable ni tampoco efectiva". Aunque se observa un descenso inicial del consumo tras regular la venta, "posteriormente vuelve otra vez a subir". La medida más eficaz, concluye el responsable de toxicología del Clínic, no es criminalizar al consumidor, sino la información y la educación. Es fundamental "hablar sobre los efectos crónicos que puede tener esta sustancia". En su opinión, si un joven es consciente de las graves secuelas neurológicas y motoras que puede sufrir, "se lo va a pensar dos veces a la hora de consumirlo".
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