ABC
Cuando tenía 12 años, Claudia Figuerola, hoy de 27, empezó a encogerse de hombros. El instituto se convirtió en un lugar hostil para ella: insultos, comentarios constantes a sus espaldas , el aislamiento silencioso al que la sometían sus compañeros. Durante tres cursos, esa sensación de estar sola la acompañó cada día. Pero al cruzar la puerta de su casa, algo cambiaba. Allí estaban Bram y Peton, sus perros, esperándola como siempre, sin preguntas ni juicios. «Me sentía muy sola y, cuando llegaba a casa, ellos eran como mis mejores amigos. Podía pasar la tarde con ellos y me sentía tranquila», recuerda. Mientras en el aula le costaba hablar o simplemente ser ella misma, con sus perros todo fluía de... Ver Más
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