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El Pumarejo renace con el impulso urbanístico y la atracción del turismo
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El Pumarejo renace con el impulso urbanístico y la atracción del turismo

La plaza del Pumarejo del sevillano barrio de San Gil ha vivido muchas vidas a lo largo de su vida en el Casco Antiguo. La que presume ahora la resumen dos evidencias que se cuentan a golpe de vistazo: el desarrollo de las obras de rehabilitación del Palacio del mismo nombre, que terminarán en 2027 y cuyos voluminosos cajones de obras vienen ocupando el centro de la plaza, y la mejoría de su ambiente, a tenor de la vida que sigue suscitando por hallarse como se halla en uno de los ejes con mayor sabor, como es el que une la Macarena con San Luis, donde no son pocos los turistas que pasean en un sentido y otro, con la basílica o el tesoro barroco de San Luis de los Franceses a tiro de piedra. Fue en enero de 2025 cuando el Ayuntamiento de Sevilla decidió poner fin al legendario olvido institucional por parte de administraciones anteriores que sufría este enclave en la capital, iniciando la rehabilitación integral del Palacio del Pumarejo, un edificio histórico del siglo XVIII que es propiedad del Consistorio desde hace 15 años y que fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 2003. La hostelería y los negocios de siempre, y sobre todo quienes levantan la persiana cada lunes —fruterías, cervecerías, ferreterías, librerías— continúan contribuyendo a mejorar el espíritu indomable de una zona que ha estado siempre denostada por la huella de la delincuencia y la pobreza, esta última a menudo en el conocido centro vecinal, donde aspiran a regatear la inmigración, en algunos casos irregular, que por las mañanas suele campar a sus anchas. Pese a que los vecinos se cuenten casi con los dedos de una mano, la plaza del Pumarejo sigue observando cómo buena parte de esta plaza cuadrada sigue ocupada por los distintos vallados necesarios para acometer las obras. Se recuerda que, tras una inversión de Urbanismo de ocho millones de euros, la primera de las fases de ejecución, que se centra en la parte trasera, la fachada y la balaustrada del edificio, debe concluir, si cumple los plazos previstos, en el último trimestre de 2026. Dieciocho meses que se unirán a otros doce, esto es, un año más, para intervenir en el interior del patio del Palacio, donde ya la afección será de puertas hacia adentro. Son tiempos que los comerciantes de este lugar están dispuestos a esperar con tal de que todo mejore. Mientras tanto, las buenas temperaturas siguen invitando al vecindario colindante a acercarse a algunas de las barras aledañas al Pumarejo. Es lo que ocurre en el bar Umbrete , donde los caracoles con un toque picante vuelven a ser un año más los reyes de la plaza. Raúl es su propietario y, a sus 53 años, puede titular que es uno de los que lleva «toda la vida» al otro lado de esa barra, que es una Sevilla que sigue perdiéndose gota a gota. «Aquí gente siempre hay, porque los que somos del barrio respondemos muy bien a todas», afirma a este medio. Pese a que pueda sorprender, Raúl asegura que prefiere «tener a indigentes que a la chapa esa», refiere. Porque recuerda que «la vida de la plaza» viene sufriendo mucho por la duración de dichos trabajos. Es cruzar la calle y ver las puertas de la Librería Nuño , abiertas desde 1998. Allí recibe a sus ávidos lectores Fran, que celebra que, aunque las obras impidan ver el bosque, «al fin» un Ayuntamiento haya decidido poner pies en pared a la problemática del Pumarejo. Más allá de quienes vienen a por historias de papel, Fran relata que también nota el crecimiento del cliente turista, un auge motivado por esta inversión de su entorno. «Los clientes de la librería se van renovando, porque hay clientes de siempre, pero también los hay que están de paso y vienen de todo el mundo». Pepe, empleado de Casa Macareno, una taberna de vinos y tapas ya en la calle Fray Diego de Cádiz, establece que el ambiente a su juicio es «rotativo». Eso sí, el día que el Señor de la Sentencia pasó en su vía crucis, no se cabía ni estando de pie. Este ultramarinos, que ha sido el último en llegar a la plaza, convive mano a mano con la frutería situada frente a Relator. A pocos metros de allí, José custodia la ferretería San Luis y cree que la Feria de Abril, pese a que se haya celebrado en el barrio de Los Remedios, ha permitido agitar el cóctel social de la ciudad. Ahí sí que se han visto beneficiados en la clientela, donde le piden desde artículos de menaje hasta cualquier herramienta. «La diferencia con la obra es que hay menos espacio, pero siempre hay tardes llenas con los niños jugando», declara el vendedor. Su tienda está casi haciendo esquina con la calle Duque de Montemar, y subraya que, al no estar todos los días de la semana abierto el centro vecinal, quienes por allí circulan no suelen molestarles demasiado. Lo hace dándole la espalda a un cartel de la Virgen de la Esperanza. «La devoción de mi casa», incide. Y otra esperanza en minúscula: la de volver a ver un Pumarejo radiante. De esperanzas se vive.

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