Cope Zaragoza
Nombres tan familiares en el callejero malagueño como Puerta del Mar, Puerta Oscura o Puerta Nueva son en realidad vestigios de un pasado en el que Málaga era una ciudad amurallada. El historiador y presidente de la Asociación Cultural Zegrí, Salvador Jiménez, ha desgranado la historia de estas construcciones, explicando cómo la ciudad contaba con un complejo sistema de accesos. Un ejemplo es la Puerta del Mar, que no solo daba al mar, sino que, según revela Jiménez, "llegó a tener una puerta de bronce". Durante la etapa musulmana, la ciudad estaba protegida por una potente muralla que partía de la Torre del Tiro de la Alcazaba. Este sistema defensivo se componía de un foso, una barbacana para detener la maquinaria de guerra y la muralla principal. En este entramado se abrían cinco grandes puertas, según explica el historiador. La primera era la Puerta de Granada o de la Fontanela, que daba acceso a barrios extramuros como el de la Fontanela, en el entorno de calle Madre de Dios. Era una de las más llamativas por su entrada en ángulo, un diseño heredado del mundo bizantino para dificultar el ataque. Sobre su fachada tenía labradas cinco llaves que, según Salvador Jiménez, podrían simbolizar las cinco puertas de la ciudad islámica. Fue aquí donde los Reyes Católicos entraron triunfalmente tras la conquista. Siguiendo el trazado de la muralla, se encontraba la Puerta de Baffal-Hauja o Puerta de los Postigos, flanqueada por dos torres. Una de estas torres todavía se puede admirar en el interior de la librería Proteo. Más adelante, en la actual calle Carretería, se hallaba la Puerta de Antequera, que conectaba con el antiguo camino hacia dicha ciudad. La siguiente era la Puerta del Puente o Baf Alcántara, ubicada cerca del actual Puente de los Alemanes. Finalmente, se llegaba a Baz al-Bahr, la Puerta del Mar. Existieron dos, una de ellas más suntuosa que la otra. Sobre esta, Jiménez destaca que "la más suntuosa es la que tenía las hojas de bronce, que tú antes has mencionado". Esta puerta contaba incluso con una ermita dedicada a la Virgen de Puerto Salvo y una campana conocida como el espantaperros, que alertaba de la llegada de piratas berberiscos. El recorrido musulmán incluía también la Puerta de las Esparterías y la Puerta de la Cava, ya en la Alcazaba. Con la llegada de los cristianos, se mantuvieron las puertas musulmanas pero se abrieron nuevos accesos para facilitar la vida en la ciudad. Los frailes franciscanos del convento de San Luis el Real, hoy Conservatorio María Cristina, solicitaron un pequeño portillo para no tener que dar un gran rodeo. También los canónigos de la catedral pidieron su propia salida a la marina, dando origen al Postigo de los Abades, cuyo nombre pervive en una calle actual. Más tarde se habilitaron otras puertas como la Puerta Nueva, de mayor tamaño para permitir el paso de mercancías hacia la alhóndiga, el mercado de la época. Otra apertura relevante fue la Puerta de los Siete Arcos, que correspondía a las arcadas del castillo de los genoveses, asentados en Málaga desde el siglo XIII, y que se situaba cerca de la actual entrada a la calle Larios. A finales del siglo XVIII, las murallas perdieron su valor defensivo y tanto los lienzos como las puertas comenzaron a demolerse para permitir la expansión de la ciudad. Sin embargo, parte de este patrimonio ha sobrevivido milagrosamente al paso del tiempo. Un ejemplo de ello se encuentra en la zona de Carretería, donde la demolición de un edificio en los números 62 y 64 dejó al descubierto una torre y un lienzo de muralla de la época almohade. El historiador Salvador Jiménez cree que el resto de la fortificación sigue oculta tras las casas. "Creemos que si se demoliera toda esa esa línea de casa, pues seguiría estando la muralla detrás, porque se ha podido comprobar en la Plaza de la Virgen de las Penas que sigue estando la muralla también detrás por la trasera", concluye.
Go to News Site