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Martí, apicultor: "Vendo mi miel a 18 euros el tarro, gano 30.000 al año, es rentable pero tienes que trabajar más de 40 horas a la semana; tengo una rentabilidad del 40%" | Collector
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Martí, apicultor: "Vendo mi miel a 18 euros el tarro, gano 30.000 al año, es rentable pero tienes que trabajar más de 40 horas a la semana; tengo una rentabilidad del 40%"

El sector primario puede ser rentable si se apuesta por la calidad y un modelo de negocio bien definido. Así lo demuestra el apicultor mallorquín Martí Mascaró quien ha revelado en una entrevista a Adrián G. Martín que su negocio le genera unos 30.000 euros anuales solo con la venta online. Su producto estrella, un tarro de miel de 450 gramos, se vende a 18 euros gracias a su exclusividad y un cuidadoso proceso de producción en parajes como la reserva biológica de Arian, en la Sierra de Tramontana. La clave de su éxito, según explica, es un modelo de negocio que, aunque rentable, es muy exigente. "Es un negocio rentable, pero tienes que trabajar más de 40 horas a la semana", afirma Mascaró. A pesar de la viabilidad económica, con una rentabilidad que ronda el 40%, su filosofía no es la de una producción masiva. "Quiero ser un apicultor pequeño, por edad también quiero serlo. Ya no me apasiona comerme el mundo, quiero producir una miel de alta calidad, pero quiero seguir siendo un productor pequeño donde controlo todo el proceso", confiesa. La miel cuenta con un certificado ecológico, una distinción difícil de conseguir en Mallorca, ya que exige que no haya explotaciones agroindustriales en un radio de tres kilómetros. Además, Mascaró garantiza la total transparencia de su producto: "Cada tarro de miel indica su localización y su trazabilidad". Esta apuesta por la calidad le valió en 2018 el prestigioso premio Biomiel, lo que supuso un punto de inflexión en sus ventas, especialmente hacia el mercado alemán. El negocio, que empezó hace 25 años como un hobby con solo tres colmenas, cuenta hoy con unas 300 distribuidas en apiarios "muy buscados, lejos de la civilización". En ellos trabaja con la abeja negra autóctona Apis mellifera iberiensis. Sin embargo, la producción está fuertemente ligada a la climatología. Una primavera seca  puede reducir la cosecha a la mitad, pasando de los 2.500 kilos de un buen año a apenas la mitad. Los principales costes del negocio son la gasolina y, en años secos, la alimentación suplementaria de las abejas. Entre los mayores desafíos para su actividad, Mascaró destaca el cambio climático, parásitos como la varroa y la amenaza de especies invasoras como la avispa asiática, que "atacan a las colmenas y las debilitan hasta su muerte". Su trayectoria no ha estado exenta de anécdotas, como una picadura en el iris del ojo que le obligó a ir a urgencias. Al principio, con abejas más agresivas y poca experiencia, llegó a pensar: "He creado un monstruo, no sé cómo manejarlo". El caso de Mascaró no es aislado. El sector primario se está convirtiendo en un campo para la innovación y la sostenibilidad, como demuestra también Max, un joven belga afincado en Galdar (Gran Canaria). Su proyecto, dado a conocer en el canal de YouTube MP DANCAUSA, consiste en cultivar setas de alta calidad, como la seta ostra o la melena de león, utilizando posos de café como sustrato principal dentro de contenedores de barco reciclados. Este modelo de economía circular le permite ofrecer un producto fresco y local durante todo el año, con una rentabilidad de "entre 4 y 5 euros por kilo". Aunque ahora se centra en el mercado local, ya desarrolla nuevos productos como el café de setas. Para Max, la recompensa va más allá de lo económico: "Cuando recolectas el producto y ves que tiene valor añadido porque la gente lo come y le gusta, tiene una satisfacción personal que es mucho mayor que trabajar detrás de un portátil". Al igual que Max, Martí Mascaró valora la satisfacción personal por encima del crecimiento desmedido. Debido a un problema de salud, decidió frenar su incursión en el apiturismo para centrarse en la producción. Con 25 años de experiencia en el sector comercial, se siente "más cómodo en la venta que en la producción". Sin embargo, su objetivo es claro: mantener un tamaño que le permita controlar todo el proceso y garantizar un producto de máxima calidad que los clientes valoren. Para aquellos interesados en iniciarse en la apicultura, el consejo de Mascaró es la prudencia. Recomienda "no calentarse mucho", empezar con dos o tres colmenas durante unos años y formarse bien. "Es un mundo apasionante, pero requiere esfuerzo, requiere pasión, y a veces, no todo el mundo tiene el tiempo suficiente", concluye. Advierte de la diferencia entre tenerlo como hobby y ser un apicultor profesional, donde "empiezan los problemas de verdad" debido a factores como un clima de lluvias escasas.

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