Vanguardia
* Bajar el balón no solo es cuestión de control, visión y dirección, es, además, un asunto de honor: en ello está en juego la solvencia y la técnica balompédica adquirida a base de desgarres y esguinces, la ubicación en el área, la visión de campo y, evidentemente, la culminación de los avances letales para horadar la portería del contrario. El balón en tierra refleja el contrapunto terrestre y la inteligencia encendida, la habilidad de correr con el balón pegado a los tachones y la intuición de proyectarlo en los huecos habilitados por los punteros; bajar bien el balón implica pulso y cadencia, mecidos en el colectivo de once voluntades en armonía.
Go to News Site