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María Asunción Mateo: «Atravesamos un momento difícil para expresarnos con libertad»
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María Asunción Mateo: «Atravesamos un momento difícil para expresarnos con libertad»

María Asunción Mateo   estuvo en el ojo del huracán a raíz de su matrimonio con Rafael Alberti. Recibió duras críticas de figuras como los escritores Benjamín Prado y Luis García Montero. Durante años guardó silencio sin entrar en polémicas hasta que lo rompió en 'Mi vida con Alberti'. Pero es necesario ver a María Asunción Mateo más allá de su relación con el poeta de la Generación de 1927, a quien conoció en un acto en Baeza en homenaje a Antonio Machado en 1983. Tiene en su haber numerosos estudios sobre lírica y antologías poéticas, y ahora publica su primera novela, con una protagonista femenina que se reinventa a sí misma. —¿Qué le ha motivado a escribir novela? —Esta es mi primera novela publicada, aunque tengo cuatro escritas. Una de ella, 'Las lunas que se han ido', acaba de recibir el premio de narrativa Camilo José Cela de la Diputación de Guadalajara, que recogeré a finales de este mes. El motivo de escribir 'Conquistarás la lluvia' radica en mi pasión por la literatura, por trabajar el idioma, no porque tuviese un argumento planificado. Parecerá sorprendente que la trama fuese surgiendo de forma casi inesperada, a la vez que los personajes iban tomando la palabra y perfilándose sus caracteres. Para un escritor, lo más importante radica en tener sentido del idioma, eso es algo que se tiene o no se tiene, aunque es innegable que el estilo puede mejorar con las lecturas acumuladas a través del tiempo y el corregir una y otra vez lo que ya creías acabado. El idioma me merece mucho respeto, es la herencia más valiosa que tenemos y debemos cuidarlo. pues preserva nuestra identidad, nos conecta con la tradición y nos hermana con nuestro pasado común, con la gente de la calle que lo habla con giros inesperados y sabios que nos ayudan a profundizar en su origen. —¿Cómo le surgió la idea y cómo ha sido el proceso de escritura? —El proceso de creación es muy personal, intransferible y, a veces, como en mi caso, quizás sorprendente. Creo que se ha sublimado o mentido acerca de él. Para mí, escribir es casi mi estado natural, me sumerjo en la trama y puedo seguir haciéndolo mientras la gente me rodea, con música de fondo o sin ella, con el eco de un televisor, en un silencio sepulcral o en una soledad absoluta. —¿En esencia, cómo calificaría a Amira, su protagonista? —Es una prestigiosa novelista habituada al éxito, pero también una mujer demasiado sensible con su entorno y muy exigente consigo misma, que pasa por una grave crisis sentimental y también profesional por el fracaso de su última publicación. Y no encuentra consuelo ni forma alguna de remontar estas dos difíciles situaciones que la hunden en la desesperación hasta que… ¡Bueno, para desvelarlo hay que leer la novela! —¿Hay algo de usted en ella? —Sí, claro, es muy difícil desprenderse totalmente de un personaje al que tú misma has creado. Casi todos acostumbran a tener algún rasgo mío, aunque luego, como tienen vida propia, se independizan y hacen incluso aquello que no me gustaría que hiciesen. De las novelas que tengo escritas, excepto en una, la protagonista es una mujer, algo fácil de entender porque entre nosotras, por muy distintas que seamos, siempre existen puntos de conexión que nos unen y nos hacen comprender lo que la otra está sintiendo, ya que son situaciones similares a la que también hemos vivido, porque el paso del tiempo es nuestra historia. —El título es muy sugerente. ¿Nos remite a que no debemos dejarnos vencer por la adversidad ni los posibles fracasos? —Tiene un sentido muy abierto, pero podría asegurar que casi sin advertirlo esa ha sido mi idea, siempre hay que seguir adelante, por duro que resulte a veces. Todos sabemos que la vida no es fácil ni siempre justa, pero debemos luchar por lo que soñamos y aunque sólo consigas parte de ese sueño, cuando lo logras, ha valido la pena el esfuerzo. No intentarlo sería renunciar de antemano a lo que la vida nos depara y que suele ser siempre algo inesperado en cualquier sentido. —¿Siempre nos podemos reinventar? —Siempre, porque la vida te conduce por caminos insospechados que te hacen cambiar de opinión -que no es cambiar de principios-, comprender algo que nunca entendiste por falta de madurez y reflexionar sobre aquello que te pasó inadvertido y es realmente valioso. En mi caso, si en algún momento de pérdida no hubiera decidido seguir adelante, quizás hubiera renunciado a parte de los momentos más felices de mi vida y nunca hubiera sabido que podrían haber existido. —Combina la primera y la tercera persona… —Sí, acostumbro a hacerlo de forma natural, objetivo una situación -el narrador omnisciente- y poco después me veo totalmente involucrada protagonizando un papel que no había previsto. Creo que ya se ha convertido en una… llamémosle técnica estilística que casi se me impone a través del desarrollo de la novela. El relato tiene una estructura circular de la que fui consciente una vez ya publicada la novela al comparar las últimas frases del comienzo y las del final de la historia. Como verá, parece que improviso y, sin embargo, me acuso de ser demasiado perfeccionista, no dejo de corregir y eso no beneficia mucho la salud mental. —Hay una posición muy crítica con la actual situación de la cultura… —Aunque no es una posición muy original la de mi protagonista, la comparto totalmente ya que está en el ambiente, en la calle, en cualquier lectura o conversación que mantengas. La ideología no debe primar sobre la calidad literaria de una obra para premiarla o no con su publicación. Si lo hacemos, deberíamos borrar muchos nombres de la historia de la literatura universal y en general del arte. Estamos atravesando un momento difícil para expresarnos con la libertad de hace unos años y que se nos acepte disentir con lo establecido. Pero, como ser humano que soy, admito que no me libro de los prejuicios ante determinados autores con los que no comparto su forma de entender el mundo y a sus semejantes. Sin embargo, no los maltrataría, simplemente dejaría que los disfrutaran otros. — En 'Conquistarás la lluvia', con las reflexiones de Amira sobre la novela que está escribiendo, se asoma la metaliteratura… —Sí, suele ocurrirme, el haber sido profesora de lengua y literatura imprime cierto carácter y convierto el acto de escribir en un acto de reflexión sobre la misma escritura… Voy a dar la impresión de que lo hago de forma intencionada y le aseguro que no. Es que me meto espontáneamente en continuos jardines que al intentar atravesarlos pueden intelectualizar el texto más de lo previsto. Pero confío en que esto no obstaculice la lectura, sino que colabore a que el lector se haga nuevos planteamientos. —Ahora que no hace mucho se celebró el Día de la Mujer, ¿está de acuerdo con Amira cuando denuncia que canciones como 'Cómeme el donut' no ayudan precisamente a las reivindicaciones feministas? ¿Cómo ve el feminismo actual? —Por supuesto, las reivindicaciones más justas no están reñidas con el buen gusto y creo que hay que defenderlas desde otra perspectiva, pero no voy a imponer yo las normas. La lucha por el feminismo es algo muy serio y necesario, sinceramente creo que no hay una sola mujer que no sea feminista, tal vez haya que ayudarla descubriéndole actuaciones suyas que no ha valorado lo suficiente. Lo importante es que no sirva de enfrentamiento continuado con los hombres de buena voluntad conscientes del resultado de la educación que han recibido. Y, también, hacer entender a otros que se niegan a aceptar esta realidad que la igualdad de derechos, deberes, oportunidades, obligaciones y respeto mutuo deberían ser inherentes en todas las personas, por encima del sexo al que pertenezcan. —¿Y comparte la admiración de Amira por Nathalie Sarraute? ¿Tiene usted algún novelista de referencia? —Sí, claro, aunque hace muchos años que no he vuelto a releerla. Elegir novelistas clásicos de referencia, de cualquier época, sería interminable en una entrevista, pero la narrativa francesa del XIX me fascina, y también Clarín, la Pardo Bazán , Galdós… Entre los autores españoles contemporáneos, destaco a las mujeres y, aunque es injusto, prefiero no citarlas porque las admiro y valoro tanto que no quiero que ninguna quede fuera de la lista. —¿Se han cerrado las heridas que le ocasionaron los ataques por su relación con Rafael Alberti, que abordó en 'Mi vida con Alberti'?   —Las heridas sanan y desaparecen cuando en un mismo ser coinciden en armonía y equilibrio mente y cuerpo. Mientras que las injusticias, las faltas de dignidad y respeto que definen la conducta de determinados seres permanecen para siempre al constar en letra impresa. Y en la Biblioteca Nacional, aunque solo haya un ejemplar de mi libro, éste se conservará siempre para dar fe de lo sucedido.

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