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Dada en adopción al nacer, se reencuentra con su madre biológica a los 54 años: «¡Eres tú, eres tú. Es un milagro!» | Collector
Dada en adopción al nacer, se reencuentra con su madre biológica a los 54 años: «¡Eres tú, eres tú. Es un milagro!»
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Dada en adopción al nacer, se reencuentra con su madre biológica a los 54 años: «¡Eres tú, eres tú. Es un milagro!»

La historia de su vida «da de sobra» para un documental de Netflix con varias entregas. Luz Mercedes Espinal (Luzmer, tal y como la conocen sus allegados) nació en Colombia hace 54 años y ahora vive en Londres, ciudad a la que se trasladó hace solo ocho años siguiendo a su marido, de origen ecuatoriano pero nacionalizado en Gran Bretaña. Su infancia transcurrió en Medellín (Colombia) y hasta los 15 años su vida fue exactamente la misma que la de otra niña de su edad. Todo cambió abruptamente. Recién asomada la adolescencia , la vida le bateó fuerte. Sus padres adoptivos fallecieron en pocos días: su madre moría un sábado por un cáncer de colon en un estadio avanzado, y su padre el martes siguiente de un ataque al corazón. Estaba a punto de cumplir 16 años. «Se querían mucho y no pudo sobrevivir a su muerte», explica Luzmer al referirse a su padre adoptivo. De ambos guarda el mejor de los recuerdos. «Me dieron una infancia muy feliz. No la cambiaría por nada», dice la mujer. Seis meses antes de la muerte de sus padres, supo por una amiga que era adoptada. «Ellos fallecieron sin saber que yo lo sabía. No se lo dije porque para ellos hubiese sido terrible esta situación y quise evitársela», afirma. Nunca llegó a hacerles las preguntas que la perseguirían durante las siguientes cuatro décadas. A partir de entonces, Luzmer empezó una odisea por encontrar a su familia biológica que le ha llevado más de 50 años. Pasó décadas encontrándose con callejones sin salida en los registros civiles. «Miré por todas partes, pero no encontré nada», afirma. Finalmente, una prueba de ADN de 'MyHeritage', plataforma global de genealogía e historia familiar en línea que permite investigar antepasados, construir árboles genealógicos y conectar con familiares a través del material genético, rompió un muro de silencio de 40 años, revelando a un padre en Colombia que nunca supo de su existencia y a una madre que actualmente vive en España y con la que se reencontró por primera vez el pasado domingo 26 de abril. Durante todos estos años recibió el apoyo de sus tres hijas para dar con sus raíces. «Querían también conocer a su abuela», apunta la afectada. El primer hilo del que pudo tirar le llegó a finales de 2025. En noviembre de ese año se hizo una prueba de ADN y, el 17 de diciembre, recibió una coincidencia que lo cambió todo: topó con el que podría ser un hermano por parte de su padre. El contacto inicial fue recibido con escepticismo. Su supuesto hermano descartó la coincidencia, sugiriendo que «los ADN en Colombia son muy similares». Su tono cambió de inmediato cuando Luzmer le envió una foto. «Ah, no, espera —le dijo—, te pareces mucho a mi familia». Poco después, Luzmer vio una foto de su padre biológico y entendió que el parecido era innegable: «Soy idéntica» . Aunque la prueba de ADN confirmó a su padre —un hombre mayor de Colombia—, su madre seguía siendo un misterio. Su padre biológico solo recordaba el nombre de uno de los hermanos de ella. Con ese único dato, Luzmer recurrió a 'Facebook Messenger' para intentar localizar a su familia materna. Las redes le llevaron a una persona más joven, a la que le dijo: «Te voy a contar una historia y me dirás si coincide con alguien de tu familia». Las piezas encajaron perfectamente y diez minutos después de esa llamada, el tío le envió un número de contacto con un mensaje: «Llámala, está llorando». Le dio el teléfono de su madre. El final del culebrón estaba más cerca. Luzmer habló por primera vez con su madre biológica, Aleida, el 29 de enero de 2026. El momento en el que descolgó el teléfono su madre nunca lo olvidará. «Estuvo diez minutos llorando. La dejé llorar. Fue muy emotivo; había pasado más de 40 años intentando armar un rompecabezas del que no tenía ninguna pieza y ahora todo cobraba sentido», dice a ABC la mujer. Cuando finalmente pudieron hablar, dos horas después, Aleida le relató la dolorosa historia de su vida. Aceptó una videollamada porque se lo pidió una de sus reencontradas nietas. «Entonces me quebré», confiesa Luzmer a este diario. Recuerda, aún emocionada, el momento en el que su madre le dijo: «Eres tú, eres tú. Es un milagro». La realidad desmontó de nuevo la historia que se había montado sobre sus orígenes. Su madre, una chica de 16 años de una familia tradicional de Colombia, se quedó embarazada de un hombre mayor que ella que estaba casado en aquel momento y tenía tres hijos. Por este motivo y para evitar la exposición social, su familia decidió ocultar el embarazo y la envió a un «hogar» de monjas en Medellín. Cuando llegó el momento de alumbrar fue trasladada al hospital y a los pocos segundos de que su pequeña viera la luz, sin haberla podido sostener en sus brazos, se la arrebataron. Allí le perdió la pista. Nunca supo qué fue de ese ser que había tenido y del que siempre desconoció el sexo. «Pasó los años pensando '¿cómo estará ahora mi bebé?' Siempre me llevó en sus oraciones. Fue muy duro porque nunca compartió su secreto y su dolor con nadie», explica Luz Mercedes. Aleida se trasladó de Colombia a Asturias (España), donde reside desde hace tres años su hija menor, y describió el reencuentro con su recuperada hija como «un regalo que la vida le había guardado». Cuando oyó por primera vez por teléfono la voz de Luzmer, la hija que se había pasado años buscando, sintió «una conexión muy fuerte». «Supe que era ella desde un principio. Mi alma siempre supo que existía. Ahora ya me puedo morir», dice la madre emocionada en declaraciones a ABC. En el aeropuerto, frente a frente y tras 54 años de separación, Luzmer y Aleida restablecieron finalmente el vínculo. Al fin pudo sostenerla en sus brazos. A pesar del más de medio siglo de separación, madre e hija hablan ahora a diario, construyendo un vínculo que la afectada describe como el guion de «un documental de Netflix o de una telenovela» hecho realidad. «Todo esto ha sido sanador para los tres», dice Luzmer refiriéndose a ella y sus dos padres biológicos. Como última reflexión agradece a Aleida «haber sido valiente pese a su juventud« y haberla tenido. «Si no, nada de esto tan bonito hubiera sucedido», concluye.

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