La Opinión de Murcia
1.- El pasado jueves, 30 de mayo, el diputado autonómico catalán de Vox, Alberto Tarradas, se dirigió a la también diputada por ERC, Najat Driouech, en los siguientes términos: «Si decide no botar, que no bote, no la vamos a deportar por eso, por lo menos de momento». Tarradas estaba defendiendo el cántico «musulmán el que no bote» que se coreó durante el partido que enfrentaba a España con Egipto. Al ver el efecto que causaban sus palabras, trató de arreglar la cosa calificándolas de ironía. Pero el fascista que lleva dentro ya había enseñado su negra patita. Sin embargo, no es que no asuste, que no lo hace, lo peor es que ni siquiera produce un rechazo generalizado. Y ya sabemos lo que pasa con las sociedades anestesiadas. El cataclismo que está produciendo el trumpismo en el mundo en general y en su propio país, al que está haciendo retroceder décadas y facilitando el ‘sorpasso’ chino, no está provocando la respuesta generalizada esperable por parte de la sociedad. Somos ranas que no se percatan de que la temperatura del agua en la que están sumergidas se acerca peligrosamente al punto de ebullición.
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