La Opinión de Murcia
Tengo un pasado de terceros tiempos. El tercer tiempo no es un estado metafísico de esa cuarta dimensión a la que Machín le decía que no marcara las horas, ni un ánimo de Proust de encontrar lo perdido entre caminos distintos que llevaban al mismo sitio. El tercer tiempo es, tras el primero y el segundo, las partes en las que se divide un encuentro de rugby, porque en el rugby te encuentras: primero a cara de perro, físicamente, y luego, cuando el equipo de casa da de comer y beber al equipo visitante y, de paso, se aprovecha para limar asperezas entre iguales que han sido contrarios durante ochenta minutos.
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