INFORMACION
Afuera el viento se exhibe furioso. Decido cobijarme. En mi salón, arrellanado cómodamente en el sillón, me dispongo a atender un debate entre los espacios políticos desde lo que se conoce como el centro de la Democracia. Y se confirma lo que ya viene siendo costumbre. Las dagas no tardaron en asomar y las miradas afiladas como dardos buscaron destinatario. En el hemiciclo, en poco tiempo todo se volvió tenso reventando las expectativas de los intervinientes a todas luces enfrentados. Las cámaras recorren los escaños de los asistentes que aparentemente ya tienen asignados sus «papelones» en la coreografía preparada al efecto. Ansío disfrutar de manera accesible a la exposición de ideas y dinámicas parlamentarias en estos tiempos convulsos, pero el ambiente previo me hace temer digerir otro espectáculo confrontativo en lugar del necesario y obligatorio debate técnico. La división, la ruptura total ha dejado de ser una sensación para convertirse en manifiesta evidencia.
Go to News Site