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Una, Grande y Libre. Libre de todo aquello que ellos odian: diversidad, igualdad, etnicidad y especialmente equidad. El discurso nacionalista sobre la "prioridad nacional" no es algo nuevo en España. Siempre ha girado alrededor de las élites económicas y del poder, en torno a la derecha más populista , ya sea conservadora o extrema. A finales del siglo XX, era ya una coletilla que utilizaba históricamente la extrema derecha europea. Por ejemplo: Le Front National, de Jean-Marie Le Pen en Francia; La Liga de Italia, que defendía la independencia económica de las regiones más industriales frente a las más pobres del sur; o (más recientemente) el partido UKIP, de Nigel Farage, en el Reino Unido, relacionado con el proceso del Brexit. Para defender su particular modelo de vida, su discurso, hay que movilizarse frente a alguien o algo . Es necesario crear un enemigo ficticio para agitar el aura de peligrosidad frente a la propiedad cultural de la comunidad. Se mueve alrededor del odio a la diferencia alzando una hipotética tradición que supuestamente se siente superior moralmente; pero que en el fondo esconde un modelo censitario, elitista, racista, machista, homófobo y medieval. La derecha más populista ha encontrado en la mentira y el amarillismo su oportunidad perfecta para volver al poder institucional. En pleno siglo XXI, donde se cohabita con la normalización de una sociedad multiétnica, igualitaria y diversa, donde lo que nos caracteriza es universalización de la convivencia entre individuos diferentes bajo el paraguas de la paz y fraternidad, ellos utilizan el odio y la polarización para mejorar sus resultados electorales bajo la bandera de la mentira y el odio al diferente. La "prioridad nacional" que defiende hoy Vox, y ampara el Partido Popular en sus pactos autonómicos, es la máscara para imponer su verdadero objetivo: una sociedad unitaria donde solo los ricos tengan beneficios , donde solo los poderosos (la nobleza) tengan privilegios, donde no exista la igualdad y menos el ascenso social, donde no haya opciones para que los humildes puedan vivir dignamente, donde se silencie a la izquierda y a todo movimiento social, donde los partidos que giran alrededor de la izquierda no puedan acceder al poder público... Una sociedad donde no existan libertades públicas, ya sea en forma de prensa, de ideología, de opinión o de formación. Ellos quieren repetir lo que ya consiguieron sus mayores a inicios del siglo XX gracias a la fuerza de las armas. Una nación única, una sociedad sin derechos, una estructura social piramidal y estamental. Una manera de convivencia basada en el miedo y la sumisión. Porque para ellos, ya se consideren liberales, patriotas, conservadores o nacionalistas, solo hay un objetivo con la excusa de la imposición del orden, de la seguridad ciudadana, del control económico: monopolizar la democracia excluyendo de todo derecho a quien no piense como ellos. Y frente a estos movimientos ultras, a estos amantes de la censura y el autoritarismo populista, solo hay una solución: rebelarse, opinar, participar, levantar la mano. Defender la democracia, los derechos individuales y colectivos. No hay otra más. A ellos les molesta. Somos esos vagos y maleantes de antaño. Sigamos siéndolo. __________________________________________ David Acosta Arrés es licenciado en Ciencias Políticas y Administración por la Universidad de Granada.
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