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Con el Mundial de fútbol que comienza el próximo mes de junio muchos lectores de TintaLibre pensarán que hemos cometido penalti. Que nos ha dado un ataque de importancia, pero no es así. El fútbol que contamos y vivimos en las páginas de mayo poco o nada tienen que ver con la idolatría y las corruptelas de sus dirigentes, con el relato de la prensa deportiva, sino más bien con el juego y la educación sentimental, con la crítica política y el respeto, sí, el respeto a los rituales tribales de este deporte tan unido tanto a la infancia como al culto. Bernat Castany , que no ha visto un partido en su vida, lo resume a su manera siempre filosófica y humorística: “La madeja multifactorial de lo real queda reducida a un rectángulo unánimemente verde y deliciosamente compartimentado sobre el que progresan en perfecta armonía una veintena de puntitos que giran alrededor de una esfera que hace las veces de sol”. Entramos al césped de esa manera. Desde Santander, donde se escuchan los cánticos en las gradas de El Sardinero, la escritora Marta San Miguel , añade otra reflexión certera sobre el tema: “Aunque el gol se cante igual en todos los idiomas y se celebre con ala misma voracidad de los abrazos, cada equipo de fútbol es un ecosistema genuino”. Hablamos de un rito, de una tribu, de una pasión irracional. Luis García Montero , que se autodefine como madridista de la experiencia, mamó esas cosas desde su infancia tanto en Los Cármenes, estadio del Granada CF, como en el Bernabéu de su Real Madrid: “El fútbol”, sostiene el director del Instituto Cervantes, “me ayudó a comprender que, más allá de las identidades personales, hay una identidad compartida que merece la pena conservar al margen de las diferencias ideológicas”. Pero si ahora ponemos ya el foco en el Mundial, el Mundial de Trump y de la FIFA más que de Lamine Yamal o Mbappé, el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez lanza un inquietante aviso para navegantes: “A mí no me queda inocencia suficiente para creer que el ICE no buscará a los inmigrantes en los estadios para arrestarlos: y así veremos los partidos de la Copa del Mundo convertidos en trampas, sí, en ratoneras para los hombres y mujeres que Trump llamó plaga”. La infancia (y el barcelonismo) vive en las crónicas tanto de Paco Cerdà como de Ramón Reboiras . Desde Brasil, Luiza Romão rescata un cuento de Bolaño, Buba, que va de fútbol y de racismo en el fútbol y desde Colombia David García Cames nos refresca la memoria de las corruptelas que gobiernan este deporte llamado rey. En TL de mayo hay más cosas aparte de esos puntitos persiguiendo una esfera y como siempre nos permitimos algún lujo cultural: la escritora argentina Pola Oloixarac recuerda (y celebra) la importancia de los 25 años de la publicación de Soldados de Salamina , de Javier Cercas, el libro que cambió y trastocó desde entonces el relato de la narrativa en español. También damos un jugoso aperitivo de la esperada nueva entrega de Valeria Luiselli , Principio, medio, fin, y podemos confirmar que la escritora mexicana (autora del inolvidable Desierto sonoro ) sigue en plenitud de forma. Más balones de oxígeno: Gaston Gilabert , nos acerca la dramaturgia de Angélica Liddell, la autora de una obra exigente para el espectador que es también (en eso se parece al fútbol) rito, dolor y sacrificio. Y Boris Izaguirre nos invita a revisitar desde fuera del armario, Más Lejos , la película de Gerard Oms con un imponente Mario Casas que muchos se han perdido. ¿Falta algo? Ah sí, Marilyn cumple cien años y nos la dibuja en toda su imperfección la escritora Sara Carbonero . Disfruten y, como suele decirse, que gane el mejor.
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